domingo, 4 de abril de 2021

Cuatro nuevas oportunidades para amar al Tío Steve (I)


     Quienes disfrutamos desde hace rato con la literatura de Stephen King y hemos crecido con sus libros y las adaptaciones que se han hecho de sus ficciones, sabemos que no escribe solo para ganar dinero (hasta mi mamá sabe que se ha hecho millonario con su trabajo y ella no lee, como bien lo hace su retoño que ya adolescente le pidió de regalo libros de su escritor favorito), sino que en verdad disfruta del arte de contarnos historias... ¿Y cómo podemos afirmar esto? Pues porque sagradamente todos los días se dedica a redactar varias horas al día y solo dos al año no lo hace (creo que el 5 de julio y en Navidad ¿No?), pero además porque a diferencia de un montón de sus colegas y entre ellos muchos de los que son bestsellers, no solo saca gruesos volúmenes, sino que le gusta incursionar en los formatos del cuento y la novela corta; se supone que tales "géneros" no son rentables, al menos para los gringos, sin embargo a él no le importa, pues ya tiene toda la plata que quiere y de ese modo puede contribuir feliz de la vida a cuanta antología hay e incluso ser publicado en revistas tan importantes como el New Yorker.  De paso, cada cierto tiempo saca una nueva colección de cuentos, muchos de ellos rescatados de esas ediciones varias en las que participa y, de igual manera, en otras ocasiones publica colecciones de novelas cortas y que por lo general son 4 en total por recopilación.
      If it Bleeds viene a ser su quinto libro correspondiente a las novelas cortas y apareció tan solo el año pasado.  Publicado en español bajo el nombre de La Sangre Manda (una traducción casi exacta a Si Sangra, que es lo que realmente significa su título original) corresponde al libro que en el presente estoy gozando y que a partir de ahora empezaré a comentarles.   Es mi intención dedicarle al menos una entrada más a este tomo, que a medida que me vaya terminado cada una de sus narraciones, escribiré al respecto para mantener frescos mis recuerdos e ideas, que en todo caso no sé qué tan extensas me saldrán estas revisiones personales.
    Démosle no más.
 
1. El teléfono del señor Harrigan.
 
    Un muchachito de unos 9 años conoce a un acaudalado anciano cercano a los ochenta, quien le paga por leerle y hacerle uno que otro trabajo en su mansión.  Esta intimista obra con la que parte la más reciente colección de novelas cortas del Tío Steve, abarca los recuerdos del narrador-protagonista, alguien que desde sus primeros años de adultez y ya profesional, rememora el valor que tuvo para él esa fraternidad tan especial, entre dos personas tan distintas, pero que se encontraron entre sí por esas casualidades de la vida (o tal vez porque debía ser así) y cómo cada uno marcó la existencia del otro.
    Hay un elemento sobrenatural detrás de esta historia, incluso terrorífico, no obstante todo esto se encuentra en segundo plano y no solo por carecer del carácter más gráfico de muchas narraciones kingnianas, sino porque lo esencial del relato radica en el valor que le otorga a las relaciones interpersonales: al poder de la amistad y en general al significado del amor entre nosotros.
     Como en muchos títulos de nuestro autor, es la amistad la que termina por salvar, incluso de manera literal a los protagonistas; en este caso, ese socorro fraterno va incluso más allá de lo que podemos llegar a apreciar el común de los mortales y aun así los detalles con los que marca su texto King al respecto, nos pueden tocar de manera profunda, puesto que más de uno de sus lectores alguna vez vio en un adulto que no fuera de su sangre, a alguien en quien confiar y a un verdadero par o a quien admirar.
    De igual manera, gratificante resulta ser cómo esta pieza aborda el amor paterno-filial entre un niño y su padre, retratando de manera tan humana algo que es tan antiguo y que, sin embargo, hoy vemos de manera más frecuente que antes: las familias monoparentales. 
    El Tío Steve como el gran artista que es, no deja de representar la vida tal como es, lo que queda bien demostrado por lo afirmado arriba y ello sin que lo fantástico, maravilloso y extrapolativo le quite peso estético a su trabajo.  Por lo tanto, esta novelita trata acerca del crecimiento personal, de la madurez, aunque también de lo maravilloso que es ver el mundo con los ojos que tenemos al ser niños; por esto y por más razones que se me pueden escapar, no podía dejar todo solo en momentos felices y de ese modo esta novelette trata por igual los temas de la muerte y el dolor que ello conlleva, si bien esto por igual significa un aporte más para nuestro desarrollo personal.
    La literatura en sí misma o, mejor dicho, el amor a las historias clásicas y a sus autores (sin dejar de lado a los contemporáneos), a su vez no deja de estar presente en los escritos de nuestro escritor; de este modo El teléfono del señor Harrigan, no está exento de tales cultos y amorosos detalles e invitándonos, como en ocasiones anteriores, a incursionar en dichas obras (y en verdad que S.K. sabe cómo entusiasmarnos al respecto).
    A todo esto, la trama transcurre en las inmediaciones de Castle Rock, que como sabrán los seguidores acérrimos de nuestro escritor favorito, se trata de una ciudad ficticia muy importante en su bibliografía y en ese sentido da gusto que no se haya olvidado de ella, pese a que durante hartos años no la volvió a revisitar e invitarnos a sus mágicas calles.
    Por último, plausible resulta ser cómo King se actualiza y hace que sus nuevas creaciones reflejen la actualidad. Es así que en el caso concreto de este título y de ahí su nombre, se nos hace un interesante recorrido por el mundo de los celulares (como llamamos en Chile a los teléfonos móviles) y las aplicaciones que estos usan; datos que no son gratuitos, puesto que gracias a ello es que el autor introduce esa marca suya que tan bien lo identifica: los objetos cotidianos que se vuelven una puerta para que lo extraordinario, maravilloso o aterrador toque/invada lo que entendemos como nuestra realidad, aparentemente tan segura y equilibrada.  Y respecto a todo esto, sin dudas que a sus "Lectores Constantes", que lo leemos desde el milenio anterior (o sea, que mínimo tenemos unos treinta años, lo que no es mi caso, claro), nos llamará la atención cuando el narrador se refiera a "Principios de siglo", lo que no corresponde al XX como el resto de sus obras, sino que a este siglo XXI que ya ha pasado a su tercera década; pues esto es valioso dentro del relato, porque su protagonista es un hijo de este tiempo y ello bien lo sabe caracterizar King, quien como muchos de nosotros ha sabido hacer parte de sí estas tecnologías, que no hace mucho solo serían propias de la ciencia ficción.

Portada alemana.

 
2. La Vida de Chuck.
 
    Stephen King tiene historias raras (como Bicicleta Estática, entre las que puedo recordar por ahora), inclasificables en algunos casos, que pueden ser del gusto de uno o no debido a su naturaleza extraña y entre ellas hayamos esta...Pero se trata, en todo caso, de una obra hermosa y que si bien no va a estar considerada entre lo mejor de su autor, al menos si resulta ser un interesante ejercicio narrativo, que demuestra tanto la maestría de este para jugar con las técnicas literarias, como para ser creativo y otorgarle a sus relatos una honda emotividad.
     Dividida en tres partes, cada una con su respectivo título, tal como dice su nombre aborda la vida de su protagonista, Chuck; sin embargo, lo hace de atrás para adelante y solo en los últimos párrafos de su primer apartado aparece el personaje, que antes de ello el argumento viene a ser algo muy distinto (en apariencia) a lo que vamos a encontrar más adelante.
     Primero asistimos a lo que se ve como una historia más del Tío Steve sobre el fin del mundo, la que este cuenta de una manera muy atrapante y que no deja de hacernos sentirlo como algo cercano a lo que ahora mismo estamos viviendo.  King nos transporta una vez más a la vida de un ciudadano común y corriente, pero en esta ocasión lo aterrador de lo que parece ser el fin de los tiempos, aparece como algo que ya está pasando desde hace un tiempo atrás y el protagonista (que no es Chuck, si no que otro) se ha adaptado como el resto de quienes lo rodean a sobrevivir a dicha catástrofe o, tal vez, a aceptarla; en este sentido, plausible resulta ser cómo S.K. logra darle a su narración un carácter tan natural a algo que claramente no lo es (la vida sigue su curso y la gente sigue, pese a todo, en lo suyo).  Y entre medio de todo esto, unos surrealistas avisos publicitarios que empiezan a invadir todo, provocan la incertidumbre de la gente y entre ellos los lectores, que no tenemos idea de a dónde irá a parar todo esto.
    Luego Chuck ya es el verdadero protagonista de la historia o quizás deberíamos decir el coprotagonista, junto a una muchachita que ha sido abandonada por su novio y un músico callejero.  Es aquí que el escritor nos concede un primer bello momento en la vida de Chuck, cuando este dejando de lado el tedio del típico gringo adulto oficinista, se da el tiempo para una "locura" de esas que hacen de nuestra existencia algo lleno de recuerdos preciosos.
     En el tercer acto conocemos a Chuck de niño y adolescente (tal como pasó con el protagonista de la novela corta anterior) para asistir a otros momentos valiosos, que ahora tienen que ver con su proceso de maduración y donde pese a la pérdida de los seres queridos, no falta la oportunidad para ser feliz y pleno.
    Ligado bastante a El teléfono del señor Harrigan, esta obra nos vuelve a hablar acerca del valor que tienen en nuestras vidas aquellas personas que han pasado a nuestro lado y de lo que significan las relaciones que llegamos a tener con ellas.  Pero, además, es un texto que habla sobre el significado de lo que hacemos y del lugar que todo ello tiene en nuestra memoria y corazón; luego su conjunto nos hace ser quiénes somos, como bien sucede con el Chuck de esta obra.
    Un precioso dicho se repite en esta novelette, el cual ya fue usado en su predecesora:
 
Cuando muere alguien, una biblioteca se incendia” (o algo así, je).
 
      Estas sabias palabras cobran más sentido ahora y a ello se le suma el significado de un verso de Walt Whittman que aquí aparece y que el Tío Steve no deja de explicarnos (si bien prefiero no repetir acá su interpretación):
 
                                                  “Soy inmenso, contengo multitudes”.
 
     Por último, los niños de King no dejan de sobrecogernos y tan maravillosos en su realismo, pese a que les haga pasar tantos hechos extraordinarios.  Se sienten cercanos, nos recuerdan a nosotros cuando teníamos esos años y es que no son los genios superdotados de Orson Scott Card y eso es lo mejor de todo.  Pueden ser más inteligentes que la mayoría, aunque no en plan genios, sino que sus acciones y razonamientos responden a lo que vemos en los pequeños que conocemos o en lo que recordamos de nosotros mismos de aquellos dorados años.
 
Su servidor feliz como una lombriz con el este libro de su autor favorito.

8 comentarios:

  1. En cuanto tenga un tiempito lo leeré...

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    1. Por lo que sé dejó lo mejor para el final (que la tercera historia que aún no leo creo es impactante).

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  2. Buen libro La Sangre Manda. Las novelas cortas, en esta ocasión, tal vez no tengan la estructura tradicional que King nos presentó en este tipo de libros (Cuatro Después de la Medianoche, Las Cuatro Estaciones, Todo Oscuro Sin Estrellas), sino que se permite "jugar" con nuevas formas literarias, como en el caso de La Vida de Chuck. Pero no dejan de ser grandes historias, lo que nos recuerda que King no solo domina a la perfección la novela, sino también el cuento, el relato.

    La relación entre un niño y un adulto (cual padre-hijo-abuelo), ya es algo que exploró en muchas otras historias, sobre todo en Hampones Con Chaquetas Amarillas y Alumno Aventajado, por poner solo dos ejemplos que me vienen a la memoria.

    Saludos,
    RICARDO

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    1. ¡Oh, se me había escapado ese importante detalle que mencionas sobre ese tipo de relación ya recurrente en su obra! Y gracias por no hacer spoilers, je, que aún no comienzo la segunda parte del tomo.

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  3. Llamativo el primer relato. Me recuerda las cosas que estoy compartiendo en la actualidad con mi amigo El Pibe. Sólo que el es septuagenario y no es acaudalado... ¡Qué cosas! Pero igual esos momentos no tienen precio y he logrado hacer que se enamore (literalmente) de los escritos de R.L. Stevenson.

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    1. Esa es la magia de las grandes historias: Consiguen encantar a la gente (varios de mis alumnos han escogido para este mes leer "La Isla del Tesoro", que les di a leer entre 5 títulos en total y eso me alegra mucho).

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  4. El Tío Stephen nunca (o rara vez) decepciona.

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