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sábado, 30 de marzo de 2013

Maestros del Horror 11: Pick me Up (conocida en Latinoamérica como “Carretera Sangrienta”, y por un montón de nombres más en castellano) de Larry Cohen.



11.1- El Director.

     El autor de esta original y entretenidísima historia de la primera temporada, Larry Cohen, es un artista que como muchos de sus colegas comenzó su amor por el cine desde pequeño, viendo todas las películas posibles…pero de gángsters, por entonces sus favoritas; luego dicho romance con el séptimo arte pasó al terreno del cine de terror y fantástico, aún cuando siempre estuvo latente en su obra esa faceta suya interesada por el bajo mundo, los personajes del hampa y el policial.
    Su labor audiovisual se ha movido en el llamado Cine Clase B, filmes de bajo presupuesto, si bien también ha contribuido con sus guiones para películas de producciones millonarias como Phone Boot y Cellular, películas con grandes estrellas como Colin Farrell y Kim Basinger.  
Larry Cohen.
    Los Invasores, así como que haya escrito para todo un clásico policial como Columbo.   En 1966 hizo su primer guión para el cine, con nada menos que El  Regreso de los 7 Magníficos, toda una obra de culto del western. En 1972 dirigió su primera película para el cine, una comedia de nombre Bone.  No obstante su primer éxito fue con un filme del llamado blaxploitation, subgénero cinematográfico de la década de los setenta, consistente en películas comerciales con estrellas afroamericanas de protagonistas, haciendo sus propias versiones de Drácula, Frankenstein y otras obras clásicas (siendo las primeras de este tipo, con la mayor participación de un elenco de color y dirigidas en especial a esta comunidad); la cinta en cuestión fue Black Caesar (1973), sobre un mafioso de color, a la que luego él mismo le hizo una continuación el mismo año.
Este director, guionista y productor comenzó muy joven su carrera, siendo que aún no tenía la mayoría de edad cuando vendió su primer guión televisivo.  Fue así como en su curriculum están un gran número de trabajos y créditos entre los que se destacan, que haya sido el creador de la mítica serie de los setenta
    En su trabajo, gusta de trabajar usando la improvisación, si bien siempre tiene un guión preparado con anticipación, no obstante si se le ocurre una idea nueva durante el rodaje, la aprovecha; lo mismo sucede con sus actores, a quienes les permite salirse del libreto sin problemas.  Otro aspecto de su labor, es el uso del humor negro, lo que se evidencia desde su ópera prima.  Gusta ser tanto director, como guionista y productor de sus trabajos para la pantalla grande.
    A lo largo de su extensa filmografía, ha hecho 5 producciones junto a Michael Moriarty, su actor fetiche y amigo, siendo su contribución para Maestros del Horror la quinta; es más, él mismo solicitó que Moriarty se uniera al elenco, pese a la negativa de unos cuantos por considerarlo un artista de difícil trato.
    A continuación algunas de sus obras más destacadas como director:

  • It´s a Live (1974): Considerada uno de los mejores filmes de horror de la década de los setenta, por su interesante propuesta y discurso, trata sobre un bebé mutante que al nacer comienza a matar gente.  La historia está abordada desde el punto de vista de los padres de la criatura; el padre reniega de su hijo, tras saber sobre su naturaleza anómala, mientras que la madre es incapaz de sentir rechazo hacia su bebé, aceptándolo como es.  El filme es de muy bajo presupuesto, no obstante el talento de Cohen en dirigirlo y la calidad de los actores, logran tomarse con seriedad esta cinta que en manos de otros habría parecida ridícula.  El monstruito fue creado por un joven Rick Backer, hoy en día uno de los más importantes genios en efectos de maquillaje.  Resulta memorable que pese lo horroroso de todo lo concerniente al bebé mutante, Cohen logra darle cierta humanidad al ser, lo que permite que el espectador pueda sentir empatía hacia su soledad (en parte un guiño a lo que sucede con la Criatura de Frankenstein de la novela de Mary Shelley y por la cual resulta imposible no sentir compasión).  En 1978 y 1987 el director filmó dos secuelas con cierto éxito, las que lejos fueron mucho más gore que la primera obra de la saga, la cual en todo caso primó más el drama y el suspenso, por sobre el efectismo.  En el año 2008, gracias a la “fiebre” por los remakes de largometrajes populares de las décadas de los setenta y ochenta, Larry Cohen rehizo su guión clásico para que un colega suyo hiciera una nueva versión de tan famosa obra.  El filme original fue la segunda película que más fondos recaudó en los cines ese año.
  • Q (1982): El nombre y la trama de esta cinta suya, hace referencia a la llamada Serpiente Emplumada, Quetzacoalth, importante dios de la mitología azteca.  Que haya usado a este personaje en uno de sus filmes, demuestra la erudición de Cohen, al conocer de culturas ajenas a la suya.  Sin embargo aun cuando en las creencias indígenas aztecas el dios poseía una dimensión benigna, en este caso es mostrado como un monstruo sediento de sangre.  La trama trata acerca de una serie de desapariciones y muertes misteriosas en pleno New York y en las que obviamente está involucrado el mítico ser; es así como el azar lleva a un agente de policía y a un ladrón de poca monta a verse sumidos en los eventos respectivos.  Los papeles de estos dos estuvieron a cargo nada menos que de David Carradine (el famoso Kung Fu de la recordada serie de TV) y Michael Moriarty.  El personaje del ladronzuelo hecho por Moriarty responde a un interesante estereotipo del criminal que sin ser un tipo cruel en verdad, su mala suerte y personalidad derrotista, lo llevan a querer cambiar su destino y aprovecharse de las circunstancias.  La película cuenta con muy buenas tomas aéreas, a su vez Cohen consiguió para ésta poder filmar en un famoso rascacielos de la ciudad y además tuvo efectos de stop motion para la animación de la criatura bastante interesantes, lo que le otorgó al filme un particular aire retro (propio de las películas de monstruos gigantes de antaño); no obstante su creador no quedó contento con el diseño de la bestia, el cual le pareció más un dinosaurio corriente, que el ser emplumado que debía ser originalmente.
  • The Stuff (1985): Con el trabajo nuevamente de Moriarty en el protagónico, es quizás uno de los trabajos de mayor presupuesto de Cohen, así como uno de sus mejores filmes.  La cinta resulta ser toda una crítica al exacerbado consumismo yanqui, al mostrar cómo una extraña sustancia blanca parecida al yogurt, comienza a monopolizar el mercado alimenticio del país y con ello la mente de sus seguidores.  Es entonces que un niño y un espía industrial descubren la verdadera naturaleza de la golosina, que corresponde a la de un parásito de origen subterráneo que muta a los consumidores en especies de zombies.  Los efectos especiales de esta obra en realidad son soberbios, poseyendo algunos de los mejores momentos del terror ochentero.
  • A Return to Salem´s Lot (1987): Es una secuela de la adaptación televisiva que hizo a finales de los setenta para la televisión Tobe Hooper, de la famosa novela de vampiros de Stephen King, Salem´s Lot.  Originalmente Cohen había hecho un guión del libro para ser el responsable de la versión televisiva de la novela, no obstante éste fue rechazado y al final fue Hooper quien la filmó, usando el libreto de otra persona.  Michael Moriarty otra vez se repitió el plato trabajando con el director.  La película fue considerada en su momento bastante violenta y polémica también por su lenguaje grosero y escenas de desnudo.   Pese a todo, es considerada una obra menor en la filmografía de su autor, así como una de las adaptaciones más olvidables de la pluma del escritor de Carrie y El Resplandor.
  • Wicked Stepmother (1989): Toda una curiosidad en la labor cinematográfica de Larry Cohen es esta comedia negra que contó con la última o penúltima  (si se considera Beetlejuice de Tim Burton) aparición de la cotizada actriz Betty Davis, quien no pudo terminar la filmación debido a sus problemas de salud; fue así como su personaje que siempre en el guión fue una bruja, fue reemplazado por la exuberante actriz Barbara Carrera, quien con los agregados en el libreto podía cambiar su apariencia a gusto y siniestra.  El largometraje fue lanzado directamente a los videoclubes en su momento, alcanzando cierto éxito por contentar tanto a los fanáticos de este tipo de cintas, como a los seguidores de la Davis.
  • The Ambulance (1990): Lejos una de sus películas más divertidas, la cual a su vez tuvo la notable actuación de los talentosos Eric Roberts y James Earl Jones en los protagónicos.  La historia gira en torno a una misteriosa ambulancia que llega a donde se encuentren heridos para ser atendidos, no obstante el vehículo no pertenece a ningún servicio de salud registrado y más bien las intenciones de quienes están detrás de su llegada, es robarles órganos a sus ocasionales pasajeros.  Uno de los datos más curiosos del filme y la cinematografía mundial, aunque más bien de la llamada “publicidad engañosa”, es que en algunos países el afiche de la cinta decía en letras grandes que la película era una adaptación nada menos que de la obra literaria de Stephen King (lo cual por supuesto no es cierto).

11.2- La Película.

     Con guión del escritor David J. Show (el mismo de la película de culto El Cuervo de Alex Proyas donde actuó y falleció Brandon Lee), basado en su cuento corto, es la única historia de la primera temporada de Maestros del Horror del subgénero de psychotriller, o sea, sobre psicópatas y que además no poseyera elemento sobrenatural o de ciencia ficción en su trama.
      Este capítulo cuenta lo que sucede cuando dos psicópatas, el primero un hombre ya en la tercera edad y el otro joven y apuesto, se encuentran en medio de las extensas carreteras entre las montañas de USA; esto provoca una batalla campal entre los dos,  cuando se pelean por la única sobreviviente de la tripulación de un bus del cual ambos quisieron ser los autores exclusivos de su masacre. El asesino serial mayor es alguien que se muestra como un buen samaritano, recogiendo a gente que necesita les hagan un aventón; mientras que el segundo es un seductor que “hace dedo” para encontrar a sus nuevas víctimas.  No obstante pese a la maldad y locura de los psicópatas de turno, estos son mostrados con verdadera simpatía, puesto que en la vida real muchas veces estos hombres y mujeres peligrosos cual atractivas bestias para sus víctimas, hacen uso de su sonrisa y engañosa apariencia para conseguir sus nefastos crímenes. La mujer entre ellos resulta ser una atractiva mujer que a lo más recién comienza la segunda década de su vida y está escapando de su pasado, con una actitud de mujer independiente y rebelde que le servirá para enfrentarse a sus dos acechantes.   La disputa de los dos psicópatas, se traduce además en una confrontación física de sus voluntades, siendo toda una lucha entre titanes como si de un western se tratara y así quienes tienen la mala suerte de hallarse entre medio, tienen que habérselas con estas dos fuerza en las cuales gane el que sea, el inocente siempre saldrá perdiendo (a menos, claro, que la posible víctima haga uso de las mismas artimañas para conseguir mantenerse con vida).
     En Pick me Up se puede identificar el tema de la violencia como algo inherente al ser humano, primero como algo propio de la tendencia de hombres y mujeres al mal y con ello su gusto por el sadismo, para luego ser visto como un medio que permite la  sobrevivencia en medio de la naturaleza que en todos los niveles sostiene la pirámide alimenticia de cazador-presa; no obstante el poder de los más fuertes sobre los más débiles no es algo permanente y tal como muestra el inesperado final de la historia, siempre habrá alguien que esté por sobre los que se creen poderosos.
    Por otro lado, esta historia se constituye en una singular road movie, película de carretera, subgénero tan caro al cine independiente y más artístico hollywoodense, donde se presenta la odisea del protagonista, quien inicia muchas veces un viaje iniciático tanto físico como espiritual en medio de las carreteras estadounidenses en algún transporte o simplemente a pie; a su vez cuando el periplo se realiza sobre ruedas, el vehículo se transforma tanto en un protagonista más, como en una representación de la interioridad del “héroe”, puesto que en la cultura gringa la identificación de conductor con automóvil (u otro medio terrestre) resulta ser algo inherente a la naturaleza fetichista gringa.  En el séptimo arte se pueden nombrar de este modo filmes ya clásicos como Easy Ryder (Busco mi Destino) de Dennis Hooper en los sesenta y Telma & Louise de Ridley Scott en los noventa; no obstante sus antecedentes literarios están en la novela de culto de Jack Kerouack En el Camino, siendo que existe un cuento del afamado escritor Richard Matheson llamado El Diablo Sobre Ruedas, del cual Steven Spielberg hizo un telefilme a finales de los setenta, como el primer relato de terror y de psicópatas del tipo road movie.  De este modo la contribución de Larry Cohen para el programa, resulta ser heredera de toda esta tradición gringa, contándonos la particular odisea de los tres protagonistas de este animadísimo episodio.  
    La obra fue estrenada originalmente el 20 de enero de 2006 en su país de origen.


martes, 26 de marzo de 2019

La primera despedida de este 2019: Larry Cohen.



      El sábado recién pasado estando en compañía de mi amigo Miguel Acevedo, le dije que por primera vez en el año no me tocaba escribir en vacaciones de verano (enero y febrero respectivamente), algún texto en homenaje dedicado a un artista que admirara y hubiese fallecido por esas fechas; que por lo general era un par de ellos, por los que me tocaba lamentar su partida…La verdad es que tenía miedo de decirlo en voz alta, creyendo que si lo hacía de inmediato, iba a saber de un deceso con esas características…Y ya ven, tan solo un día después de estar ñoña charla, el mismo amigo me cuenta por guasap sobre el deceso de Larry Cohen (y deben saber que por lo general, me he enterado de estas tristes noticias por medio de mi compadre).
     De seguro muchos de ustedes no sabrán quién era este señor, un verdadero “Maestro del Horror”, quien en su larga carrera fue guionista de un montón de series de televisión y películas; además de haber dirigido varias de ellas, consideradas verdaderos clásicos de terror del cine clase B (esto es, filmes de género de ciencia ficción, terror y fantasía de bajo presupuesto…que muchas de ellas hoy en día son obras de culto y muy bien valoradas por la crítica; además, debido a su calidad artística, demuestran que el ingenio puede superar “detalles” como la falta de dinero).
      Es así que a mi edad, sobre los 40 años y amante desde pequeño de las cintas de este tipo, he podido gozar de buena parte de su filmografía; así que desde hace años que este caballero, tiene un lugar dentro de mis recuerdos y de mi corazón.   Como ya me referí a su filmografía, cuando estuve revisando cada una de las entregas de la serie antológica Maestros del Horror y en la cual hizo su contribución con la entretenidísima historia de asesinos seriales Pick me up (2006), no me repetiré contando de qué tratan sus películas; pero sí les quiero contar algo sobre el papel que ha cumplido este cineasta, en mi propia vida.
     Tal cual muchos de sus colegas, con el paso del tiempo, cada nuevo título suyo que iba viendo, se fue volviendo alguien valioso para mí.  Les estoy hablando de largometrajes que en su mayoría vi muy joven, un niño y un adolescente en la mayor parte de los casos; eran los tiempos del VHS y solo largo tiempo después gracias a la magia del DVD, pude volver a gozarlos, ahora con mejor calidad de imagen y sonido  (de paso, les cuento que no he tenido el gusto de contemplarlas con la nitidez del blu-ray).  Al principio no sabía quién era el responsable de todas esas joyitas, que me habían impactado y entretenido tanto; que tampoco me importaba mucho, la verdad, ese tipo de detalles.  Hasta que llegó a mis manos la añorada revista Fangoria, en su primera edición en español y uno de los nombres que constantemente se repitió entre sus páginas fue el suyo.
     Sin dudas que fue The Stuff (1985) mi primer acercamiento al trabajo de este artista y que vi en la televisión abierta allá por los ochenta (¿o fue a principios de los noventa?) en esas funciones nocturnas que había los días viernes, justo para celebrar el comienzo del añorado fin de semana.  La versión doblada al español neutro que emitieron, venía con el nombre La Cosa, confuso título que copiaba el del famoso filme The Thing de John Carpenter y que no dejó de llamarme la atención, puesto que ya me había visto la otra película, un poco más antigua que la anterior.  Pese al alcance de nombre, recuerdo muy bien cuánto me impresionó este pieza de horror y ciencia ficción, sobre una especie de yogurth que se quería apoderar del mundo.  Puede ser que la premisa sea algo estúpida e ingenua, aunque si uno lee entre líneas tiene varias lecturas interesantes: Bien podríamos decir que los estragos provocados por la adicción a dicha sustancia, que se comienza a comercializar, corresponde a una velada crítica al consumismo y  que tal como sucede de forma exagerada en esta historia, lleva a la idiotización de su público.  Tiempo después de encontrarme con esta verdadera perla del cine de clase B (con muy buenos efectos especiales, por cierto), tuve el gusto de arrendarla en VHS, que estamos hablando de una época en la que los videoclubes eran grito y plata como alternativa económica.  Ya en pleno siglo XXI, no habrán sido 5 años atrás, pude comprármela en DVD y con agrado logré comprobar que la cinta no había “envejecido”, que se seguía disfrutando bastante.


                                                          Tráiler de The Stuff.

    En contra de mis deseos, no he podido ver toda la filmografía de Larry Cohen, al menos la que me interesa, así que atesoro cada título suyo que he podido contemplar, por lo general al menos un par de veces.  Entre estos, se encuentra Q (1982 y no confundir con el famoso personaje de Star Trek) y acerca de un gigantesco monstruo reptiloide, que vive escondido en pleno Manhattan de finales del siglo XX.  Bueno, les cuento que por un periodo de dos años más o menos, en mi casa había nada menos que un videoclub, local que al le arrendaban el sitio mis papás…Así que entenderán que estaba en mi salsa.  De vez en cuando llegaban nuevas cintas, las que en muchos casos iban rotando con la “casa matriz”; a veces me llevaban a este último lugar, para escoger y/o recomendar las películas que debían llegar a la sede de mi casa (ya en esos tiempos era un pequeño cinéfilo, que compraba de manera religiosa un par de revistas especializadas, además de la mencionada Fangoria).  Pues así fue que llegó este filme, todo un homenaje a los clásicos cincuenteros y sesenteros de bestias gigantes.  Con posterioridad, en la misma fecha en que adquirí The Stuff, me traje conmigo una copia en disco de este otro largometraje y fue, como no, un feliz reencuentro tras tanto tiempo sin verlo.


                                                                   Tráiler de Q.

     Eran principios de los noventa, que yo estaba en el colegio cursando enseñanza media (lo que en otros países llaman secundaria) y como siempre ha sido en mi vida, pese a mis obligaciones académicas, nunca dejaba de hacerme mi tiempo para ver todas las películas que pudiera (en especial los fines de semana). Ille tempore en televisión pasaban comerciales de filmes en VHS, por lo general de MGM, que comercializaba una empresa…Era para mí toda una delicia ver esos tráilers (faltaba mucho  para que apareciera ese término en la lengua y fuese adoptado por los hispanoparlantes); fue así que me encontré con La Madrastra Malvada (1982, Wicked Stepmother), una comedia negra de terror que de inmediato me atrapó al ver sus imágenes en la tele y donde aparecía una de sus actrices principales con la famosa garra de Freddy Krueguer y la máscara de Jason Voorhes, respectivamente los asesinos sobrenaturales de las franquicias cinematográficas de Pesadilla y Martes 13 (que al menos en Latinoamérica el día de la mala suerte es este y no el viernes).  En esta cinta tuvo su última actuación la connotada actriz Betty Davis, veterana a la que pude conocer gracias a Beetlejuice de Tim Burton.  Queda claro que apenas tuve la oportunidad la arrendé, muy entusiasmado, que muy buenos recuerdos tengo de ella y por eso mismo me encantaría volver a verla.


                                                    Tráiler de Wicked Stepmother.

     Quienes me conocen bien saben de mi amor incondicional hacia Stephen King y su obra, así que desde que este autor llegó a mi vida, aprovechaba todas las instancias para verme las adaptaciones de sus trabajos.  Fue así que en los diarios y paneles de los cines me encontré con el afiche de La Ambulancia (1990), sobre una serie de crímenes relacionados con el robo de órganos, que más encima publicitaba que estaba basada en un relato de Stephen King.  Poco antes de que llegara a nuestras salas la mentada cinta, me había visto en uno de esos programas dobles de antaño, el filme de artes marciales Lo Mejor de lo Mejor (1989) y que me gustó mucho; en ella trabajaban Eric Robert y James Earl Jones, siendo que a este último lo adoraba ya por ser la voz original en inglés, de nada menos que Darth Vader en la trilogía original de Star Wars; y resulta que esta misma dupla de oro trabajaba en el citado largometraje, que resultó no tener nada que ver con el llamado “Rey del Terror”, aunque cuando la vi me entretuvo mucho y bien quisiera volver a contemplarla.  Con posterioridad supe que la había hecho Larry Cohen, ahora que ya era alguien importante para mí, escrita por él, por supuesto.  Solo al dedicarme a investigar para este texto que ahora leen, me he enterado que en la película tiene un papel nada menos que Stan Lee, que no lo recordaba, pues en ese entonces no sabía mucho de cómics (una razón de más para conseguírmela).


                                        Tráiler de la edición en Blu-ray de The Ambulance.

     Cuando me encontré con la gran sorpresa de la existencia de Maestros del Horror (2005-2007), la tremenda producción ideada por Mick Garris, de reunir a varios gurús del cine de miedo para realizar telefilmes originales y con verdadera calidad cinematográfica, una de sus primeras entregas que pude gozar fue Pick me up.  Debo confesarles que me alegró mucho el regreso de tan querido realizador, que llevaba años sin dirigir; asimismo, me dio gusto que volviera a trabajar con su actor fetiche, Michael Moriarty, aunque no les voy a negar que me sorprendió verlo tan envejecido.  Harto me hizo feliz esta pieza, que ahora con la mirada de un adulto menos ignorante del tema, me dejó claro la maestría de su responsable.
      Solo cuando me puse a revisar el material que tenía de Larry Cohen, para mi post acerca del episodio del programa arriba nombrado, vine a verme por fin la aterradora It´s Alive (1974) y que me impactó bastante por ser una obra de terror duro, con un fuerte sentido moralista además.  Lamentablemente no he podido disfrutar de sus dos secuelas,  It's Alive 2: It Lives Again (1977) y It's Alive 3: Island of the Alive (1987), ambas escritas y dirigidas por Cohen; tampoco he llegado a saber cómo les quedó el remake hecho en 2008.
      También tengo pendiente de nuestro artista que acabamos de despedir,  la secuela que hizo de la miniserie de Tobe Hooper sobre la novela de Stephen King Salem´s Lot y que tituló A Return to Salem´s Lot (1987).  Creo que ya es hora que le dedique su tiempo, así que mientras reviso este texto, estoy descargándola y al igual que The Ambulance.
       Dentro de sus guiones para otros directores, con harta satisfacción pude apreciar lo que hizo para la versión de Abel Ferrara de The Body Snatchers (1993) y en la que trabajó junto a nada menos que Stuart Gordon; así como puedo recomendar bastante los filmes de suspenso Phone Boot (2002) y Cellular (2004), estas dos del llamado cine Clase A y con artistas de renombre como Colin Farrel y Kim Basinger, en cada uno de los ambos casos; el filme de terror Captivity (2007) también me gustó mucho, lejos lo más violento y grotesco que le conozco a este artista en materia de historias escritas por él.  Mención aparte merece la trilogía de Maniacop (1988, 1990 y 1993) que la bajé hacer un rato ya de la Red y aún no la veo, que estamos hablando de otros clásicos del cine clase B.
     Como pueden darse cuenta, hay mucho para apreciar de este caballero, que bien se merece ser descubiero por todos aquellos que aman el buen cine de terror, por no mencionar sus otras contribuciones para el séptimo arte.  Te extrañaremos, Larry, que espero te encuentres allá arriba con otros maestros del género como Wes Craven y George Romero.


                                                            Tráiler de Pick me up.

martes, 1 de noviembre de 2011

Conan de Robert Howard

     
    Conan el Bárbaro, Conan de Cimeria, Conan el Pirata, Conan el Vagabundo, Conan de las Islas, Conan el Ladrón, Conan de Aquilonia…todos estos nombres para referirse a uno de los personajes literarios con mayor impacto dentro de la cultura popular, llegando incluso a ser conocido por aquellos que no acostumbran leer y que bien reconocen en éste a un ícono dentro de las historias de aventuras, magia, monstruos y bellas mujeres en prendas escasas.
Uno de los cómics "clásicos"
del personaje.
   Referirse a Conan es hablar (o escribir) de uno de los personajes más populares salidos por la imaginación y pluma de un escritor estadounidense durante el siglo XX; por ende bien puede codearse con otros seres de ficción tan famosos, queridos e inspiradores de tantas continuaciones y adaptaciones tal como lo son los Tres Mosqueteros de Dumas, el Rey Arturo (anónimo), Frankenstein y su inolvidable Criatura de Mary Shelley, Drácula de Stoker y el nunca igualado Sherlock Holmes de Conan Doyle…entre tantos otros.  De este modo el personaje creado a principios de la década del treinta por un joven Robert Howard, hoy en día ha trascendido las numerosas narraciones originales que escribió sobre él su autor; es así como una gran cantidad de escritores (algunos con mérito propio como Lin Carter y L. Sprague de Camp y otros más bien por encargo o del “montón”) continuaron la labor de seguir contando sus increíbles historias.  Luego fue como pasó a adaptarse desde la década del setenta hasta nuestros días al cómic, nada menos que por Marvel, teniendo entre sus guionistas a autores de la talla de Roy Thomas y Dough Moench y lo mejor, a algunos de los dibujantes más emblemáticos del llamado “noveno arte”, tales como John Buscema, Neal Adams y Barry Windsor-Smith.  También ha sido llevado a la pantalla grande tres veces, las dos primeras en películas ochenteras bastante buenas (en especial la primera) y protagonizadas por Arnold Schwarzenegger, siendo que dentro de estos días está por estrenarse una nueva película (¡Por fin!) y que promete ser heredera de hartas aventuras, sangre, batallas cuerpo a cuerpo y “mostros” como Conan bien se merece.  Sin embargo en televisión le ha ido mal y sus versiones en dibujos animados de carácter infantil y la serie de imagen real poca vida tuvieron.  Los videojuegos también han tenido sus propias versiones de este particular héroe de la Era Hiboria.
Ilustración de Cohen el Bárbaro

     Por otra parte, uno de los mejores homenajes literarios que se han hecho a Howard y a su “hijo predilecto”, Conan, fue el de otro consagrado escritor de fantasía, Terry Pratchett; éste en su ya extensa saga de más de treinta libros correspondientes al Mundo Disco, donde se permite parodiar con gran humorismo el género, en la segunda novela (La Luz Fantástica) de la saga hace aparecer a Cohen el Bárbaro.  Cohen es un ya anciano y algo achacoso guerrero, quien pese a las apariencias, aún oficia de aventurero y mantiene todavía su atracción hacia las bellas y jóvenes vírgenes; incluso en Tiempos Interesantes, tal como Conan al conseguir Aquilonia, logar obtener el Imperio Ágata.

    Antes de referirme propiamente tal a analizar y comentar los textos de Conan el Bárbaro, quisiera detenerme un poco en la figura de su autor: Robert Howard, a quien bien se le agradece su gran capacidad fabuladora como parar crear en sólo treinta años de vida (de hecho se suicidó dándose un balazo en la cabeza en los albores de su tercera década de existencia) a tanto personaje maravilloso, pues de su fértil imaginación no sólo Conan salió.  Es así como Howard creó a otros personajes que casi rivalizan en popularidad con Conan, teniendo sus propios cómics y versiones en películas, como Kull el Conquistador (quien se supone es el antepasado atlante del mismísimo Conan), Sonja la Roja (cuyas aventuras originales transcurren en el siglo XVI, pero en los cómics se le hizo interactuar con el cimerio) y Solomon Kane (aventurero puritano en plena época de la colonia en el EE.UU. del siglo XVII).  Por otra parte todos sus textos fueron publicados en las revistas “pulps” (ediciones baratas que aparecieron durante plena Depresión en la década del treinta y que se vendían en los kioscos, siendo mayormente el medio para catapultar a tantos escritores que hoy en día han logrado reconocimiento mundial como el propio Lovecraft, Robert Bloch, Asimov, Paul Anderson, Ray Bradbury y toda una gran lista; en estas revistas de papel de mala calidad, las historias de aventuras, ciencia ficción, fantasía, terror, western, policiales y otros hicieron popular la narrativa de “género” en Estados Unidos y permitieron que hoy en día fuesen tan exitosas este tipo de historias).   Como muchos artistas que se “adelantaron a su época”, Howard apenas tenía para vivir de su trabajo y esto junto con la eminente muerte de su madre, a quien era muy apegado, le provocó tal depresión que lo llevó a tomar la triste decisión con terminar su vida a muy temprana edad; pese a todo dejó a su haber una herencia literaria que se ha convertido en una de las más exitosas (y rentables) hasta la actualidad.  Como reflexión a lo anterior, resulta más que lamentable pensar en tanto artista que como Howard, Poe, Lovecraft y pintores tan geniales como Van Goh, entre otros genios, no hayan podido disfrutar en vida del éxito y reconocimiento público; siendo mucho tiempo después de su muertes que se les ha hecho justicia.
Uno de los pulps que editaron originalmente a Howard.
    Referido a la vida y obra de Robert Howard, no se puede dejar de lado su fuerte relación con Lovecraft y el “círculo lovecrafniano”, como se acostumbra llamar al grupo de amigos y colaboradores epistolares entre los que se encontraba el creador de Conan.  Lovecraft, con quien compartía páginas como colaborador en la ya mítica revista Weird Tales, estableció con éste una estrecha relación de amistad a través de sus cartas (y a tal punto que al morir Howard, su padre en honor a la relación de su hijo con el creador del Horror Cósmico, le escribió para contarle la terrible noticia).  Tal como Lovecraft, podría atreverme a decir que Robert Howard no sólo es un gran creador de nuevos mitos y leyendas, convirtiéndose ambos en gestores de un universo ficcional como pocos, sino que también compartían cierta personalidad errática que los convirtió en seres solitarios, siendo que su amistad epistolar con otros escritores (entre los que se encuentran Clark Ashton Smith, Donald Wandrei, Frank Belknap Long, Augusth Derleth, entre otros), fue una de las pocas relaciones sociales exitosas que logró tener.  De esta relación fraterna-literaria-a distancia, Howard llegó a participar dando su propio aporte al universo lovecrafniano con cuentos de su autoría e incluso llegaron a ponerle un apodo cariñoso: Bob Dos Pistolas, debido a su gusto hacia las armas de fuego y “feo” hábito de jugar a la ruleta rusa (existe una leyenda negra al respecto sobre su suicidio que afirma que murió debido a esta práctica).
    Por último como referencia a este escritor, y para complementar los datos biográficos reseñados acá, se puede destacar que existe una película de 1996 llamada The Whole Wide World y donde el actor Vincent D´Onofrio interpreta el papel de Howard.
Otra portada para la nostalgia de las
 primeras  aventuras en papel del guerrero cimerio.
    Y ahora refiriéndose específicamente a Conan…
     Cuando Robert Howard se puso a escribir y publicar las numerosas aventuras de Conan, primero diseñó todo un mundo con su particular geografía y división política, creando numerosos países, culturas, costumbres y religiones.  De este modo permitió que su máximo personaje a lo largo de numerosos relatos, se desenvolviera en más de un lugar.  Los eventos de la vida de Conan ocurren en lo que Howard llamó la Edad Hiboria, una época posterior al hundimiento de la Atlántida y anterior al desarrollo de la historia tal y como la conocemos.  Es así como cada país y raza al que hace mención Howard y donde transcurren estas historias, se corresponden al de naciones reales y culturas antes de que los cataclismos siguientes configurasen los continentes tal y como los conocemos hoy en día.  De este modo, por ejemplo, Estigia tiene clara relación con África y en especial con Egipto, Zamora con los gitanos y con España, Vanaheim y Asgard con los países nórdicos, así como Brithunia con la región de Bretaña en Francia.
    El primer cuento que escribió y publicó sobre Conan es El Fénix en la Espada; este dato resulta interesante tenerlo presente, puesto que si bien Howard tenía plena conciencia de la estructura de la Edad Hiboria con sus particulares características y desarrollo histórico, también poseía plena conciencia sobre el destino de su particular héroe.  No obstante a lo largo de los textos que le dedicó a este bárbaro, no siguió un orden cronológico de sus aventuras en el devenir del tiempo, si no que se dedicó a contar varios momentos de su existencia de una forma caótica; por lo tanto el lector se encontró con historias de Conan cuando ya era rey de Aquilonia, como sucede ya en el primer cuento mencionado; luego podía muy bien leerse una narración ambientada en los primeros años del personaje, tras abandonar su natal Cimeria; posteriormente narrarse una de sus aventuras de su etapa como general de algún rey extranjero, para luego volver atrás en el tiempo durante sus aventuras con Belit haciendo de su compañero pirata en la Costa Negra…y más tarde nuevamente regresar a su periodo como monarca de Aquilonia.  Este supuesto desorden en la cronología de Conan, fue estructurado de una manera mucho más lineal gracias a dos colegas y amigos de Howard, Lin Carter y L. Sprague de Camp, quienes tomaron los textos del autor y los sistematizaron para publicarlos por fin en ediciones en formato de libro y siguiendo una línea temporal.  A su vez como Howard dejó muchos textos inconclusos, cuentos inéditos y bosquejos de historias, se dedicaron a terminarlos y/o pulirlos para sacarlos a la luz pública; de este modo muchos libros de Conan llevan la autoría compartida de los tres escritores.  En algunos casos Carter y de Camp arreglaron algunos textos de Howard que nada tenían que ver con Conan, para hacer que éste último fuese el protagonista.  Además de permitir que un público más joven y masivo conociese al autor y a sus creaciones, invitaron a otros autores a narrar más historias sobre bárbaro, llenando también con sus fabulaciones los vacíos cronológicos entre una historia y otra de los textos originales.  Entre estos autores, destaca Robert Jordan, quien hizo sus primeros trabajos con el cimerio, antes de consagrarse con su propia saga de fantasía de La Rueda del Tiempo.
    Otro aspecto a considerar a la hora de disfrutar, comprender y analizar las aventuras de Conan, es el subtexto ideológico que yace bajo la pluma de Robert Howard, con su particular visión del mundo y que el autor no deja de plasmarlo no sólo en sus textos dedicados al guerrero.  Aquí me refiero a dos temas en especial que con facilidad se pueden apreciar en su obra, y que retoman sin vergüenza y quizás con orgullo, sus “albaceas” Carter y de Camp con sus colaboraciones.  Estos temas son: el racismo yacente en la literatura howardiana y la noción pesimista y negativa que tiene el artista hacia el concepto de civilización en beneficio de la idea de “barbarie” (y escribo entre comillas esta palabra por cuanto me detendré posteriormente a explicar lo que realmente quiere decir Howard cuando usa el concepto):

·         Noción de racismo: Tal como su amigo Lovecraft, Howard compartía con éste la aversión hacia los extranjeros, en especial hacia la gente de raza negra.  No es mi ánimo aquí hacer un juicio de valor hacia este aspecto de la obra de Howard y de las aventuras de Conan, donde una manifestación del mal es a través de las triquiñuelas de personajes que muchas veces no corresponden al espectro racial caucásico (no sólo negros son los malvados, si no que también orientales).  Esta xenofobia que para nada oculta el autor (y a la que prefiero hacer la vista gorda en beneficio de otros aspectos más benignos de su escritura) muchas veces llega a ser aberrante, por cuanto por ejemplo, los extranjeros son descritos como traicioneros, caníbales y monstruosos en su aspecto físico; si bien a Conan le toca batallar contra el mal en todas sus manifestaciones, gran parte de los representantes de las fuerzas malignas provienen de lugares tales como el oscuro reino de Estigia (Egipto) y al que Howard le otorga el triste “privilegio” de ser el centro de la perversidad durante la Era Hiboria.  No obstante Conan también tiene amigos y aliados negros, pero igual en su mayoría poseen un carácter bestial.
          Las siguientes citas ilustran lo anterior:

      “Livia jamás había visto a un hombre  semejante, pero no se preocupó por   saber a qué raza pertenecía. Le bastaba con que su piel fuera blanca.
     -Eres un bárbaro como los otros. Sólo tu piel es blanca; pero tu alma es tan negra como la de ellos. ¡Poco te importa que un hombre de tu raza haya sufrido una muerte horrenda a manos de estos perros (negros africanos)..., y que yo sea su esclava!
     -Aun cuando fueras vieja y fea como los buitres del infierno, te llevaría lejos de aquí y de Bajujh (un rey africano) simplemente por tu raza. Pero eres joven y hermosa, y he visto tantas mujerzuelas nativas (negras africanas) que estoy harto”.

El Valle de las Mujeres Perdidas.

    Y nótese la forma de cómo describe al siguiente personaje de raza negra en otro fragmento del mismo cuento:

    “Sentado sobre un escabel de marfil, flanqueado por gigantes tocados con plumas y cubiertos con pieles de leopardo, había un personaje repulsivo, obeso y achaparrado, con aspecto maligno, que parecía un enorme sapo que apestaba como los pantanos podridos de la selva. El individuo tenía las rechonchas manos colocadas sobre el arco abultado de su vientre; su pescuezo era un rollo de grasa  que parecía proyectar su cilíndrica cabeza hacia adelante; sus ojos semejaban brasas ardientes y tenían una asombrosa vitalidad que contrastaba con la del resto de su grueso cuerpo, que daba la  sensación de indolencia.
    Cuando la mirada de la muchacha se posó en aquella figura, sus miembros se pusieron en tensión y la vida volvió a latir frenéticamente en su cuerpo. El dolor fue sustituido por el odio, un odio tan intenso que a su vez se convirtió en dolor.
    Pero si Bajujh, rey de Bakalah, sintió alguna molestia a causa de la concentración psíquica de su prisionera, lo cierto es que no lo demostró. Por el contrario, continuó atiborrando su boca de batracio con puñados de golosinas que le tendía en una bandeja una mujer arrodillada...
    ...lo único que respetaban esos salvajes era la violencia”.

·         Oposición civilización/barbarie: Howard sostiene la tesis de que la civilización, el mundo contemporáneo con sus “refinados” gustos, lujos, conocimientos y otros, corrompe.   Esto, puesto que lo más natural, lo primitivo y “barbárico” sería lo más puro ante la naturaleza trastocada de la civilización; de este modo un bárbaro como Conan, no ha sido mancillado por ideologías (costumbres, creencias políticas, religiosas y convenciones sociales) que hagan mella en su primordial virtud.  Así es como el mal en las narraciones de Conan se encuentra muchas veces en su solaz en medio de la “engañosa” civilización, puesto que el poder del conocimiento “racional” del avance corrompe y el mal trae al mal.  No obstante, esta idea no es nueva, ya que alguien como el filósofo francés Rousseau en el siglo XVIII había acuñado el concepto de “Buen Salvaje” y en particular en su famosa novela El Emilio, donde sostiene la tesis de que mientras más alejado se está del mundo civilizado, más cerca se está de una conciencia pura, virginal y angelical (tal como Adán y Eva antes de comer el fruto prohibido)
      Lo que hace Robert Howard en su postura frente a esta dicotomía    civilización/barbarie es similar al tópico literario de Alabanza de aldea y menosprecio de ciudad, en donde los literatos sostienen que la vida es mucho más grata en medio de poblados pequeños y agrestes, que en la sucia e infecta ciudad.   Sólo que Howard lleva su postura al límite, como si se trastocara la visión de los escritores latinoamericanos mundonovistas con su tópico de Civilización v/s Barbarie: donde en obras como La Vorágine de Rómulo Gallegos y Doña Bárbara de José Eustaquio Rivera, muestran una naturaleza más que salvaje y a la que el hombre citadino y educado debe domesticar para llevar su luz a un mundo de oscurantismo.  Por ende, Robert Howard retrata un conflicto inverso de estos dos principios.
    Para completar este punto, he aquí dos citas textuales que reflejan mucho mejor que mis palabras, la visión de Howard al respecto:

La barbarie es el estado natural de la humanidad [...] La civilización, en cambio, es artificial, es un capricho de los tiempos. La barbarie ha de triunfar siempre al final”.

Más Allá del Río Negro.

Los hombres civilizados son siempre menos corteses que los salvajes porque saben que pueden ser maleducados sin temer que sus cráneos sean partidos en dos”.[1]

Antigua edición en español
de la editorial Bruguera de uno los las compilaciones
con textos de Howard acabados por L. Sprague de Camp.
    Y en cuanto a Conan…respecto a su figura, hay que tener bien claro el carácter mismo que le otorga Howard en sus escritos y que lo convierte para muchos en un personaje tan carismático.   Tal como expliqué más arriba, para el escritor el bárbaro es un individuo mucho más virtuoso que el hombre civilizado.  De este modo Conan el Bárbaro se convierte en la encarnación de esa figura benigna que defiende el autor.  Pero este “buen salvaje” no está carente de apetitos carnales, ni es como el niño sin mácula de Rousseau,  si no que es un individuo que muy bien tiene sus debilidades como cualquier ser humano (debemos recordar que la época en que vive Conan es la Era Hiboria y para subsistir en ella se debe tener gran capacidad de sobrevivencia, por lo que matar para subsistir es algo habitual, así como poseer un espíritu violento cuando se es necesario).  Por lo tanto Conan mismo es un hombre que sabe matar como nadie, que hace uso de sus dotes físicas, como también intelectuales para conseguir sus objetivos sin dudarlo y cuando debe tomar la vida de sus enemigos no vacila en ello.  Este hombre ágil y voluntarioso pese a su aspecto agreste, es un sujeto justo y honorable: nunca roba a los pobres (como cuando oficia de ladrón o pirata); tampoco hiere o mata a los inocentes, niños y otros indefensos; y con las mujeres también sigue con su particular código de honor que hace que tampoco las maltrate, a menos que sea en defensa propia y si es que es la mujer resulta ser un verdadero peligro y toda una contrincante.
    Respecto a las palabras de arriba, se puede tener en cuenta la siguiente cita textual que resume muy bien en palabras del propio Howard, quién es éste:
Edición más en español contemporánea
de los cuentos del personaje.

   "La cara... no era la de un hombre civilizado: oscura, labrada de cicatrices, con dos salvajes ojos azules, era una cara indómita como el bosque primordial que le servía de fondo... con el macizo pecho cubierto de hierro, el brazo que mantenía la ensangrentada espada, curtido por el Sol y pictórico de músculos, se movía con la peligrosa desenvoltura de una pantera: era demasiado ágil y feroz para ser el producto de la civilización, ni siquiera de una civilización de frontera".

Más Allá del Río Negro.

    Con las mujeres mismas Conan es atento, seductor, pero no romántico; las trata bien, aunque cuando le gusta una de ellas no duda en tomarla en sus brazos y besarla sin preguntarle si quiera (no obstante las mujeres nunca se le resisten).  Ante una mujer en infortunio Conan se juega su vida por ayudarla y es así como esta circunstancia la usa en varias ocasiones Howard para contar más de una jugosa historia de aventuras.
   Como bárbaro que es, Conan recela de la civilización, no obstante cuando llega a convertirse en rey de una de las polis más poderosas de ésta, Aquilonia, demuestra ser capaz de congeniar en su gobierno lo mejor del bárbaro que hay en él, con el de un benigno monarca civilizado.  Este gobierno justo le hace ganarse el amor, respeto y fidelidad de sus ciudadanos.
    Otro aspecto interesante a tener en cuenta, es el poco aprecio que siente Conan hacia la magia, por cuanto un hombre vitalista y de instintos como él ve en la magia al arte del engaño y la intriga.  Un individuo como él se muestra frente a otros sin adornos, en cambio magos, brujos y hechiceros son mostrados por Robert Howard como ejemplos de hombres malvados y corruptos que hacen uso de la ilusión y se esconden en medio de la parafernalia de lo esotérico; aparte de los primeros, les siguen numerosos nobles del mundo civilizado,  a los que Conan se enfrenta y destruye en sus numerosas pugnas.  He aquí citas que demuestran esta relación entre magia y maldad:

    “-¡Sí, perro maldito! -exclamó el brujo con una voz sibilante como la de una gigantesca serpiente-. ¡Soy Thugra Khotan! He yacido mucho tiempo en mi tumba, esperando el día de mi despertar y de mi liberación. Las artes que me salvaron de los bárbaros hace muchos siglos me retuvieron prisionero, pero yo sabía que uno de aquellos mismos bárbaros llegaría, tarde o temprano... ¡Y al fin llegó para que se cumpliera el destino y para que muriera como nadie ha muerto en tres mil años! ¡Necio! ¿Crees que has vencido porque mi gente se ha dispersado y porque me traicionó y me abandonó el demonio al que había logrado esclavizar? ¡No! ¡Soy Thugra Khotan y dominaré el mundo a pesar de vuestros ridículos dioses! Los desiertos están llenos de mis gentes; los demonios hacen mi voluntad y todos los reptiles de la tierra me obedecen. Mi deseo por una mujer debilitó mis poderes mágicos. ¡Ahora esa mujer es mía, y recreándome en su alma seré invencible! ¡Atrás, necio! ¡No has derrotado a Thugra Khotan!”.

El Coloso Negro.

     “—Hubo un tiempo —dijo con amargura— en que también yo tenía mis ambiciones, a cuyo lado las vuestras parecen ridículas e infantiles. ¡Qué bajo he caído! Mis viejos amigos y rivales quedarían horrorizados si pudieran ver a Toth-Amon el del Anillo, sirviendo de esclavo a un proscrito, y proscribiéndose él mismo. ¡Envuelto en las mezquinas ambiciones de nobles y reyes!

     —Tú confías en tu magia y en tus ridículas ceremonias —repuso Ascalante—. Yo confío en mi ingenio y en mi espada.
     —El ingenio y la espada no sirven de nada contra los poderes de la Oscuridad —gruñó el estigio, de cuyos negros ojos se desprendían destellos amenazadores—. Si yo no hubiera perdido el Anillo, nuestra situación sería muy diferente.
     —Sin embargo —contestó impaciente el proscrito—, llevas las marcas de mis latigazos en la espalda, y probablemente seguirás llevándolas.
    —¡No estés tan seguro! —El diabólico rencor del estigio brilló por un instante en sus ojos iracundos—. Algún día, de algún modo, encontraré el Anillo otra vez, y entonces, por los colmillos de la serpiente Set que me las pagarás...”


El Fénix en la Espada.

    Ligado al tema de lo sobrenatural se encuentra la visión de la teología en la Era Hiboria.  Siendo el mundo creado por Howard todo un cúmulo de naciones y culturas, es evidente que en este se encuentran diversos credos con sus respectivos dioses.  Howard, quien también compartió con Lovecraft su ateísmo, convirtió a la mayor parte de los dioses que describe en otro manifestación del mal, pero acentuando el carácter demoniaco.  Vez que Conan se enfrenta a un dios, resulta ser no sólo un ser monstruoso y vil, si no que además corresponde al de una criatura ancestral cuyo único fin es aprovecharse de sus creyentes con el culto que le rinden.  Esto se puede ver en el siguiente fragmento:

     “Embrujado por aquella voz extraordinaria, Conan permaneció inmóvil, olvidándose de todo hasta que su hipnótico poder produjo un extraño cambio y la percepción y el sonido crearon la ilusión de la vista. Conan ya no oía la voz, sino unas lejanas y rítmicas ondas de sonido. Transportado más allá de su tiempo y de su propia individualidad, estaba viendo la transmutación del ser llamado Khosatral Khel, que surgía de la Noche y del Abismo de los tiempos pretéritos para revestirse de la sustancia del mundo material.
     Pero la carne humana era demasiado frágil, excesivamente débil como para soportar la terrible esencia que era Khosatral Khel. Por ello tenía la forma y el aspecto de un hombre, pero su carne no era carne, ni el hueso era hueso, ni la sangre, sangre. Se convirtió en una blasfemia contra la naturaleza, porque era la causa de que una sustancia básica que jamás había conocido el latido y la emoción de la vida viviera, pensara y actuara.
    Había errado por el mundo como un dios, porque no existía arma terrenal capaz de hacerle daño y porque, para él, un siglo era como una hora. En su vagar llegó hasta un pueblo primitivo que habitaba en la isla de Dagonia y se alegró de poder dar a esta raza una cultura y una civilización y, con su ayuda, aquellas gentes construyeron la ciudad de Dagón, donde habitaron y lo adoraron. Sus servidores eran seres extraños y horribles, procedentes de los más oscuros rincones del planeta. Su casa de Dagón estaba conectada con las demás casas por medio de túneles, a través de los cuales sus sacerdotes de cabezas afeitadas transportaban víctimas para el sacrificio”.

El Diablo de Hierro.

Tomo 1 de la colección de lujo de las narraciones de Conan sólo por Robert Howard.   Estas vienen recopiladas por orden de publicación original en los pulps y cada tomo lleva aparte de cubierta protectora, textos anexos, ilustraciones a color y en blanco y negro y en papel cuché...¡Un verdadero gusto para el coleccionista! 
    No obstante hay deidades benignas en el mundo de Conan, tal y como lo son Mitra e Ishtar, que como en muchos otros casos Howard no se las inventó, si no que sacó sus nombres y ciertas características de religiones que existieron.   En uno de sus mejores cuentos, La Torre del Elefante, se narra un emotivo encuentro de Conan con uno de estos seres benignos:

    “He aquí, entonces, el motivo del nombre -la Torre del Elefante-, ya que la cabeza de la cosa se parecía mucho a la de los animales descritos por el shemita errante. Aquél era el dios de Yara. Pero ¿dónde podía estar la gema sino escondida en el interior del ídolo, puesto que la piedra se llamaba Corazón de Elefante? A medida que Conan avanzaba, con los ojos fijos en el inmóvil ídolo, ¡éste abrió súbitamente los ojos! El cimmerio se quedó paralizado por la sorpresa. ¡No era una imagen, sino una cosa viva, y él estaba atrapado en su habitación! Un indicio del terror que lo paralizaba es el hecho de que no reaccionara al instante en un arrebato de frenesí, dejando libres sus instintos homicidas. Un hombre civilizado en su situación sin duda habría, buscado refugio creyendo que estaba loco, pero a Conan no se le ocurrió dudar de sus sentidos. Sabía que se encontraba cara a cara con un demonio del antiguo mundo, y esa seguridad lo privó de todas sus facultades, salvo la de la vista. La trompa de esa cosa horrorosa se alzó como buscando algo, y los ojos de topacio miraban sin ver. Entonces Conan se dio cuenta de que el monstruo era ciego. Este pensamiento calmó sus tensos nervios, y comenzó a retroceder en silencio en dirección a la puerta. Pero el engendro oía. La trompa sensible se estiró hacia él y el muchacho quedó nuevamente helado de espanto cuando el extraño ser habló con una voz extraña y entrecortada, siempre en el mismo tono. El cimmerio comprendió que aquella boca no fue creada para hablar un lenguaje humano.
     -¿Quién está ahí? -preguntó-. ¿Has venido a torturarme de nuevo, Yara? ¿No te vas a cansar nunca? ¡Oh, Yag-kosha!, ¿no tendrá fin esta agonía?

     Las lágrimas rodaron por sus mejillas, y Conan observó las extremidades extendidas sobre el lecho de mármol. Sabía que el monstruo no podría levantarse para atacarlo. Conocía las marcas del tormento y las quemaduras del fuego, y por más duro que fuera, no podía evitar estar impresionado por las deformidades de lo que parecía haber sido un cuerpo tan bien constituido como el suyo. Y súbitamente todo el miedo y el asco se convirtieron en una profunda compasión. Conan no sabía quién era ese monstruo, pero era tan evidente su terrible y patético sufrimiento que, sin saber por qué, le embargó una abrumadora tristeza. Sintió que estaba presenciando una tragedia cósmica y sintió vergüenza, como si la culpa de toda una raza hubiera caído sobre él.
    -No soy Yara -dijo-. Soy solamente un ladrón. No te haré daño.
   -Acércate para que pueda tocarte -dijo la criatura con un titubeo, y Conan se aproximó sin miedo, con la espada olvidada en su mano.
    La trompa sensible se alzó y palpó su rostro y sus hombros, como hacen los ciegos. El contacto era tan suave como el de la mano de una muchacha.
   -Tú no perteneces a la raza maligna de Yara -suspiró la criatura-. Llevas la marca de la fiereza pura y esbelta de las tierras desérticas. Conozco a tu gente desde antiguo. Los conocí con otro nombre hace mucho, mucho tiempo, cuando un mundo distinto alzaba sus brillantes torres hacia las estrellas. Pero... hay sangre en tus manos”.


    Robert Howard en su corta vida escribió muchas historias, creando personajes que como Conan hoy son parte de la cultura popular.  Ante una imaginación tan fructífera como la suya, uno se pregunta qué maravillas más pudo darle al mundo si su carrera literaria se hubiese extendido por muchos años más.  Resulta increíble saber que sólo escribió una novela, Conan el Conquistador (la que según el especialista en ciencia ficción y fantasía David Pringle, se encuentra entre las cien mejores novelas de fantasía, listado y análisis que hace en su libro Literatura Fantástica: Las 100 Mejores Novelas), y el resto hayan sido sólo cuentos y unos cuantos poemas; sin embargo en la actualidad es uno de los escritores más admirados y queridos por el mundo.  Puede perdonársele sus acentuados prejuicios sociales, más a la luz del conocimiento de su anómala personalidad, después de todo, qué artista y/o genio no tiene por ahí una que otra vergüenza y como alguien muy sabio dijo por ahí: “El que esté libre de pecado, que lance la primera piedra”.



[1] Lo siento, encontré esta estupenda cita en Internet, pero por más que busqué el origen de la referencia, no encontré el texto original de donde se encuentra extraída. 

jueves, 19 de abril de 2012

Maestros del Horror



    A finales del año 2005, se estrenó por el canal de cable Showtime en Estados Unidos y otras partes del mundo, la primera película original perteneciente al colectivo Maestros del Horror (Masters of Horror).   Este grupo que se hace llamar así, está conformado por varios directores de renombre en el género, encontrándose entre ellos gente de la talla de John Carpenter, Dario Argento, Joe Dante, John Landis, Tobe Hooper, Takeshi Mike, Stuart Gordon, Larry Cohen y muchos más (unos más famosos y talentosos que otros).  La idea de forma este grupo, fue del también director especializado Mick Garris, quien además oficia de guionista y productor de lo que al final se constituyó en una serie televisiva.   Garris tuvo un día la feliz ocurrencia de invitar a varios de sus colegas a una cena y entonces durante la amena charla propuso filmar cada uno una película dentro de un programa de corte antológico.  La idea tuvo buena llegada y así fue como el proyecto fue comprado por el canal Showtime ya mencionado, el cual desde su años de existencia se ha caracterizado por emitir producciones propias de alta calidad y en las cuales no temen a la censura, la violencia, el lenguaje grosero, el sexo y los temas más irreverentes (siendo parte de su parrilla programática shows tan cotizados, como también rupturistas, el drama gay Queer as Folk, el psicotriller  Dexter, la producción histórica Los Tudor y la comedia Estados Unidos de Tara, todos ellos ganadores de múltiples premios).   La idea de este programa que duró dos temporadas de trece películas cada una (no se puede hablar de “episodios” debido a la calidad de cada una de sus historias, ya sea por su factura artística, como por el simple hecho del peso de los directores con los que contó), fue la de presentar semana a semana un filme que en su mayoría adaptara a autores ya consagrados dentro de la literatura del género, entre los que destacan los maestros Poe y Lovecraft, acompañados por talentos como Clive Barker, Richard Matheson, Ambrose Bierce, y muchos más; a su vez también hay filmes con guiones originales que igualmente cuentan historias inolvidables.  Considerando que la serie era emitida por el cable y la estrecha relación entre los responsables de los filmes, estos tuvieron libertad absoluta para darle el enfoque que quisieran en sus obras, de modo de dar rienda suelta en los tubos católicos a sus más oscuras fantasías, otorgándonos a los teleespectadores algunas de las imágenes más fuertes en este tipo de producciones (sólo mencionando la primera temporada, basta recordar tan sólo las salvajadas artísticas y dantescas de Imprint, Jennifer y  Dreams in the Witch-House). Por esta razón  Maestros del Horror  se caracteriza por el hecho de que cada una de sus películas son independientes entre sí, abarcando numerosos aspectos, temas y subgéneros dentro del terror: zombies, horror cósmico, vampiros, psicópatas, extraterrestres, monstruos, fantasmas, demonios y muchos más.   Las producciones además cuentan con grandes actores, algunos de ellos ya reconocidos dentro de este tipo de cine, como lo son Robert Englund, Michael Ironside, Ron Perlman, Cristopher Loyd, Jeffrey Combs y Udo Kier.  El “gore”, o sea las escenas de sangre y truculencia que aquí son abundantes, está a cargo de los especialistas Gregory Nicotero y Howard Berger, quienes ya habían trabajado antes con algunos de estos directores y en más de una película del género (ya sea de bajo o alto presupuesto) mostrando su gran capacidad para crear horrores tanto realistas como pesadillescos.  Otros aspecto a tener en cuenta a la hora de valorar este programa, es la hermosa presentación de corte gótico que comparte cada película, con un más que interesante tema de entrada electrónico compuesto por  Edward Shearmur.   A sí mismo las películas duran alrededor de una hora.
    A lo largo de este año (y quizás parte del próximo) iré analizando y comentando cada una de estas producciones, tomando en cuenta el orden cronológico en que fueron exhibidas en un principio.

1. Incident On and Off a Mountain Road (conocida en español como Terror en la Montaña y Esculturas Humanas, entre otros) de Don Coscarelli.

1.1. El Director.

Don Coscarelli.
    Emitida por primera vez el 28 de octubre de 2005.  Su director comenzó en el cine independiente con filmes no del género durante la década de los setenta, hasta que en el año de 1979 le dio en el blanco con una película que se transformaría en un filme de culto y que daría pie además a tres secuelas también dirigidas y escritas por Coscarelli: Phantasma.  La película es tan efectiva, que la revista especializada Fangoria la considera entre los trece mejores filmes de terror de los setenta.  En cuanto a su trama, esta es una más que interesante saga que tiene como “malo de la historia” al llamado Hombre Alto, quien entre los conocedores del género se encuentra dentro del mismo panteón de los monstruos y psicópatas más recordados y queridos del cine de terror actual: Alien, Depredador, Punkinghead, Michael Myers, Freddy Krueguer, Chucky y Jason, entre otros.  La historia trata sobre un muy particular alienígena que persigue a un grupo de niños y que usa unas esferas metálicas voladoras bastante siniestras, de las que salen unas mortales cuchillas.  Cada película es la continuación de la otra, y están más que bien dirigidas, destacando la presencia ominosa de su aterrador protagonista.  La filmografía de Don Coscarelli no es muy extensa, pero aparte de su saga de Phantasma se encuentra su filme de fantasía épica El Señor de las Bestias (1982), en la que hizo su propia versión de las  películas “peplum” italianas de espada y brujería, considerando que para la época el fenómeno cinematográfico de Conan estaba pegando fuerte en Hollywood; esta película tuvo dos secuelas, encargándose Coscarelli del guión de la tercera entrega.   En el año 2002 hizo su última contribución al cine, antes de su trabajo para Maestros del Horror, con Bubba Ho-tep, la que le costó apenas 300.000 dólares y pese a lo cual igual salió con dignidad, superando incluso a lo aparentemente ridículo de la trama: Un supuesto Elvis Presley en decadencia viviendo en un geriátrico, se las tiene  que ver con una milenaria momia egipcia. 
     Considerando las escasas, pero aún atractivas contribuciones de este director nacido en Libia, es de agradecer que Mick Garris y compañía hayan permitido a Coscarelli mostrar su talento, en un filme que va más allá de la sana entretención, puesto que contiene más de una segunda lectura.  A continuación me referiré en específico a esta primera entrega de una ya programa clásico y del culto, hasta el momento ni siquiera superado por su sucesora, Fear Itseff, si bien los españoles con sus Películas para no dormir y los mexicanos con 13 Miedos lograron hacer producciones de este tipo para la TV y de gran calidad.


1.2. La Película.

    Al igual que en su anterior película, Bubba Ho-tep, Don Coscarelli adaptó un cuento del escritor y guionista John R. Lansdale, quien por su parte bastante ha dado en el género del terror, la ciencia ficción e incluso el western y los cómics/animaciones de superhéroes del calibre de Batman y Superman.  Todo este trabajo le ha significado a Lansdale numerosos premios, si bien su obra narrativa en castellano es casi nula y apenas se le conoce por estos lares.
    El filme aborda más de un tema que pasa por sobre la historia literal, lo que en general es propio de la factoría de Maestros del Horror, donde sus gestores no sólo velan por contar una buena y entretenida historia de terror (muchas veces sangrienta), si no que también presentan una ácida crítica social, un discurso político y un montón de alusiones intertextuales.  La trama versa sobre una joven y hermosa mujer que sufre en medio de una desolada carretera un accidente; el incidente ocurre en plena noche y más encima en medio de la montaña, alejado de cualquier comunidad.  La protagonista se encuentra sola y aparentemente desamparada ante cualquier otro imprevisto.  Es entonces que en medio de este paraje solitario se encuentra con un gargantuesco psicópata (luego nos enteramos de la desaparición de numerosas personas, así como también de sus muertes a manos de este aterrador sujeto, quien además ni siquiera habla).  Es así como se dará una batalla entre estas dos figuras en las que la oposición se hará evidente en varias aristas: la guerra entre los sexos, la lucha entre la aparente cordura y la racionalidad, versus la locura y el instinto, civilización versus barbarie, dos fuerzas de la naturaleza que se disputan la supremacía, orden y caos, etc.  No obstante acá nada es lo que parece y puede que el ya trillado argumento tan pulp de la damisela en apuro ante un sujeto que simboliza el poder avasallante de la masculinidad, se vea dado vuelta para contar una ficción donde las sorpresas abundan.  
    Paralelo a la persecución/escape narrado acá, por medio de abundantes flash-backs Coscarelli nos muestra el pasado de la posible nueva víctima de Moonface.  Estas imágenes retrospectivas nos van dando las pistas suficientes como para conocer quién realmente es la mujer que ha caído en las garras del asesino.
    La casa a la que llega la protagonista, más bien su guarida, es más que espantosa y muestra la insanía  a la que puede llegar una mente amoral, donde un ser humano es capaz de reducirse a la bestialidad misma y donde el mal se manifiesta en medio de las peores salvajadas; no hay espacio para la compasión, ni menos para la dignidad…en otras palabras, el lugar donde llega la protagonista, es un verdadero descenso a los Infiernos.  La muerte ronda en ese lugar y la única forma de sobrevivir allí, es abrazando la violencia y la locura.  
    Es entonces que el tema de la sobrevivencia se manifiesta fuertemente en esta obra, lo que va en paralelo al “tiempo presente” aquí mostrado, junto con los recuerdos de la heroína de turno.  Conocido es el trauma gringo ante el tema del “extraño”, léase “extranjero” y como en USA existe un culto hacia las armas, la defensa personal y todo lo que implique un estilo de vida de preparación ante el peligro que puede significar la invasión de su territorialidad (ironía aparte si se considera su política de particular imperialismo disfrazado de paternalismo).   Por ende, el filme juega con esta otra obsesión del “país más poderoso del mundo”, mostrándonos como muchos otros filmes contestarios, que por debajo de la facha de sociedad y ciudadanos perfectos y “desarrollados” del primer mundo, la bestia interior siempre estará latente.
    Dentro de un plano menos político, aunque no por ello deja de ser curioso y atrayente, esta película también aborda otro leiv motiv tan caro a las leyendas urbanas de EE.UU. y que tantos grandes filmes de terror ha inspirado: la idea más que verosímil de que en medio de sus montañas se esconden seres monstruosos, productos de familias endogámicas, que practican el canibalismo y todo tipo de aberraciones.  La lista es larga: cualquiera de las versiones de La Matanza de Texas y La Colina de los Ojos Malditos (su remacke y posterior secuela se conoció acá con el nombre de El Despertar del Diablo), la saga de Wrong Turn (Camino hacia el Terror en Latinoamérica), sin dejar de mencionar un antológico episodio de la cuarta temporada de la ya de culto serie de televisión Los Expedientes X, llamado irónicamente Home.  De este modo, lo que acá hace Coscarrelli es en parte homenajear este subgénero dentro del cine gore hollywoodense, haciendo su particular contribución.


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