domingo, 20 de septiembre de 2020

No me convence, sorry.



     Carbono Alterado fue, sin dudas, uno de los grandes éxitos de crítica y público de Netflix en 2018 y tras 10 episodios que nos mantuvieron atentos desde principio a fin, era de esperar que pronto estrenaran la segunda temporada; las expectativas eran altas, que el show sinceramente había dejado la vara muy alta en materia de series de televisión de ciencia ficción, dirigidas a un público adulto y exigente, amén de satisfacer por completo a la audiencia friki amante del ciberpunk (el subgénero al que corresponde esta obra) y que desde hace rato no veían en live action algo tan impactante, desde el punto de vista visual y argumental.
    Hasta que llegó el momento tan ansiado y ello vino con la sorpresa de una nueva contratación para el papel estelar: el moreno Antonie Mackie, un actor querido por los más ñoños de la casa por interpretar al justiciero Falcon en las películas del Universo Cinemático Marvel.  Es así que al histrión le tocó hacer del "Enviado" Takeshi Kovacs, el mismo protagonista de la primera temporada, ahora con una imagen renovada tras cambiar de funda (cuerpo) y en lo que pareciera ya un paseo por distintas gamas entre etnias (tras ser originalmente japonés, luego caucásico y ahora negro).
    A lo largo de sus 8 capítulos (un par menos que lo entregado anteriormente), nos enteramos de que 30 años han pasado aproximadamente desde la última vez en que vimos al antihéroe. Este ahora no solo tiene una actualizada apariencia, sino que su cuerpo actual posee importantes modificaciones.  Más encima, regresa a su hogar y con él viene su leal amigo, la inteligencia artificial holográfica Poe (dentro de lo mejor de la temporada), quien nos dará verdaderos ejemplos de fraternidad. 
     Agregado a lo anterior, en su más reciente aventura, el renovado Takeshi hace una nueva aliada (en circunstancias muy especiales) y hasta el propio Poe consigue su propia compañera (lo que incluye, nada menos, que un romántico romance entre IAs), se reencuentra con viejos amigos y enemigos (lo que para nosotros también significará volver a ver unas cuantas caras ya conocidas, si bien considerando las características de la trama, no se trata de reuniones tan sencillas como estamos acostumbrados en la vida real o en las historias más convencionales) y, por último, vuelve a su agitada vida el amor perdido (que tal vez sería mejor que nunca lo hubiese logrado).
      Un villano del pasado se hace presente, eso sí con un muy atractiva renovada identidad (lo que incluye otra vez el tema de la traición) y aparece una nueva rival, que encarna el consabido arquetipo del político corrupto y mentiroso. 


    Por otro lado, se ahonda más en lo que concierne a la raza inteligente no humanoide, supuestamente extinguida, que habitaba el planeta donde transcurre la trama; de igual manera, los raros árboles nativos del lugar, cumplen un rol más destacado dentro del guión.  Respecto a todo esto, algunas de las mejores sorpresas de la temporada se van a desarrollar a lo largo de sus capítulos.
     En lo que para unos es "moda", para otros una señal positiva de los nuevos tiempos y donde la diversidad de todo tipo está presente como corresponde, una de las coprotagonista no solo es lesbiana, sino que tiene una pareja estable (ignoro si se "habla" de que está casada) y más encima tiene un hijo junto a su compañera...Pero vuelvo a plantear una vez más mi molestia al respecto: Si todo esto es posible ya estas alturas, mostrándolo de manera tan espontánea, por qué no hacerlo a través de la figura de dos hombres masculinos (pues al final todo esto de tener solo lesbianas entre los protagonistas, no es más que un  recurso sexista y facilista, sin dejar de atender a las mismas fantasías de hombre heterosexuales, para quienes la idea de mujeres teniendo sexo entre ellas responde a unos de sus mayores morbos).
     Se nota que gastaron  mucho dinero en esta breve segunda temporada, donde la espectacularidad prima y en especial durante el clímax de cada episodio, para dejarnos ansiosos de ver el siguiente...Sin embargo, entre un giro argumental y otro, con misterios por resolver y revelaciones, más entuertos que superar, al menos a mí el guión se me hizo soporífero y no logró encantarme (que me costó terminarme la temporada, debido a la tremenda decepción que me significó). La verdad es que a estas alturas, los mejores shows me los doy en mi cabeza cuando leo una buena narración y solo si logra entretenerme una buena producción audiovisual (que necesariamente, no tiene por qué ser algo tan sofisticado desde el punto de vista argumental), es porque tiene personajes carismáticos y, lo que me parece más importante, una trama seductora que se puede seguir sin mayores complicaciones (y en este caso, como ya dije, solo Poe logra acaparar mi atención y, en cambio, las varias triquiñuelas argumentales terminaron por cansarme).
    Sé que hay gente que le gustó lo visto este año e incluso le parece superior que la pasada vez, no obstante por mi parte cuando me enteré de que cancelaron la  serie (supuestamente debido a sus altos costos), me pareció que esto era algo obvio luego del malgasto de dinero y su debacle.  En fin, como dice el dicho: En gustos no hay nada escrito.
    ¿Y a ti qué te pareció?

                                                  ¡Así se hacen unos buenos créditos a apertura! 
                                             (lástima se hayan quedado en pura imagen no más).

jueves, 17 de septiembre de 2020

Creo que a Lemebel le habría gustado...


I. La novela.
 
    Tengo Miedo Torero es la única novela del tristemente fallecido Pedro Lemebel, un autor único dentro de las letras nacionales y reconocido a nivel mundial.  Cuando uno lee esta obra, es difícil no sentir varias cosas a la vez (o una después de la otra... Todo puede depender de cada uno y su propia experiencia personal con el libro, así como por sus propias experiencias que lo llevarán a uno a sintonizar de una manera u otra con la obra de arte en sí). Es así que si nos ponemos a realizar un listado de estas sensaciones, producto de tal experiencia, puedo decirles que:
 
1. Vamos a disfrutar de una buena historia, maravillosamente contada con una prosa poética en muchas ocasiones (en especial en los diálogos), en una mezcla barroca donde los chilenismos y el garabateo en vez de "hacer ruido" en la narración, consiguen crear ese ambiente tan chileno que nos lleva al reconocimiento de nuestra propia identidad nacional.
 
2. Si se es chileno, podremos reencontrarnos, gracias a su ambientación, con una inolvidable descripción de un turbio periodo de nuestro pasado, en un retrato único de ese mundo, acontecimientos históricos y con esos personajes que aún están presentes en nuestros recuerdos (para bien o para mal); que quien no aprende de su pasado está condenado a repetirlo...Y si eres extranjero, conocerás de primera fuente esa parte del acontecer nacional, desde un punto de vista privilegiado por ser justamente tan distinto al de otras ficciones relacionadas con tal período (y en este segundo caso, te darás cuenta de que pese a las diferencias culturales y vivenciales, las grandes historias son universales y nos atañen como humanidad).
 
3. Si has leído antes las crónicas de Lemebel, en las cuales no dejaba de contarnos de una cosa u otra real, pese a su formato diferente de la narración tradicional, podrás darte cuenta mejor del talento del autor para relatarnos una historia interesante y atrapante; por lo tanto, si tan bien le salió esta única novela suya, no es difícil lamentar que no haya incursionado más en este formato (bueno, al menos nos queda de consuelo que por fin hayan reeditado su primer libro, su única colección de cuentos: Incontables...que confieso aún no tengo, ni menos leído). Y es que "la diva" de Pedro tenía talento y harto.


II. La trama.
 
    La novela transcurre en 1986, época en la cual el malestar de la población chilena en contra de la dictadura militar de derecha de Augusto Pinochet, hace que hayan constantes protestas públicas y están sean sofocadas con gran violencia (y hasta muerte) por parte de las autoridades.  En medio de este ambiente sofocante y en una población bastante pobre, aunque aun así sin perder la alegría de vivir, encontramos a uno de los protagonistas del libro: La Loca del Frente.
    Un tipo de personaje popular apenas esbozado en la narrativa chilena (tal vez solo por la por igual pluma inmortal de José Donoso, a través de la figura de la Manuela en su novela El Lugar sin Límites), se trata de un travesti mayor y pobre que en circunstancias muy especiales conoce a un joven universitario; entre ambos nace primero una amistad y luego un amor imposible, cuando la Loca del Frente se enamora de él.  Alejado toda su vida del tema político, pese a la situación en la que pasa Chile, por primera vez el homosexual se involucra de forma directa en el acontecer nacional, cuando descubre que el hombre que ha llegado a su vida es nada menos que miembro de un grupo armado que pretende derrocar al dictador.
    Según se afirma, más como leyenda urbana que de manera oficial, esta novela tiene mucho de autobiográfico; sin dudas que tal idea se afirma en que el personaje mencionado ("el" o "la", no sé aún a estas alturas qué término usar para referirme a la Loca del Frente) tiene mucho de Lemebel, ya sea en su forma de ser afeminado, sus orígenes humildes y su lengua ácida y actitud irreverente.


III. Mi historia con el libro.
 
    Fue la primera obra de Pedro Lemebel que leí y lo hice porque en el colegio en el que trabajaba en aquel entonces, se dio tal título como lectura complementaria para los estudiantes (ya más "grandecitos' eso sí, que corresponde a un texto para gente con cierto nivel de madurez por razones obvias). En aquel tiempo tenía muchos prejuicios en contra del autor, más bien debido a sus declaraciones públicas que hasta el momento me parecían muy violentas y resentidas (cosa que me todo caso no andaba tan perdido), sin conocer bien su historia y habiendo leído un par de crónicas suyas en el semanario The Clinic, que me parecieron demasiado osadas para mi gusto de aquel entonces (hablando de sus aventuras sexuales con tipos mucho más jóvenes que él, como quien nos cuenta de su lista del supermercado); fue así que gracias a este emotivo libro, comencé a mirarlo con otros ojos y quise conocer mejor su vida y obra, de modo que pude contextualizar como correspondía sus palabras conocidas antes desde la ignorancia.
    Cuando me tocó darle a leer por primera vez allá por 2003 a mis alumnos, Lemebel ya era un escritor tenido en cuenta por el Ministerio de Educación, inclusión afortunada en un mundo que se estaba abriendo a la diversidad y por fin se preocupaba por educar con una mirada abierta a las nuevas generaciones (en el mejor de los casos).  Eran jóvenes de tercero medio y recuerdo que aquellos que sí leyeron la novela, la recibieron muy bien, sin comentarios homofóbicos. Otra cosa fue cuando lo di a leer en un colegio tradicional de puros hombres al año siguiente y en uno de los cursos la mayoría de los estudiantes se negaron a leer el volumen, por considerarlo que iba en contra de sus principios (y lo digo esto con "amables palabras", que hoy en día tengo claro que lo suyo fue un berrinche de supuestos machitos, que se vieron tontamente ofendidos en su idea retrógrada de hombría); yo para no hacerme problemas y querer quedar bien con ellos, les di la oportunidad de leer otro libro (Los Ojos del Perro Siberiano de Antonio Santa Ana, que también trata el tema de la intolerancia y los prejuicios en contra de los homosexuales, pero esto último de manera muy superficial)...Hoy ya más viejo y tras haber tenido una experiencia personal muy desagradable con esos chicos traicioneros, puedo decir que me equivoqué en dar mi brazo a torcer y que no puedo, como formador que soy, permitir que se vuelvan a dar en mis clases situaciones como esas.
 
IV. La película.
                                   
    El cine chileno no se caracteriza por realizar adaptaciones de obras literarias, ni siquiera de sus propios autores y pese a que hay grandes libros de los cuales podrían realizarse producciones de calidad, si se decidiesen a invertir en ello; debido a esto, fueron primero los italianos quienes se interesaron en llevar a la pantalla grande la única novela de Pedro Lemebel.
    Según cuenta Alfredo Castro (el artista nacional que terminó por interpretar a la Loca del Frente, para la versión cinematográfica que hoy revisamos), un día lo llamó el representante de Pedro para pedirle que se juntaran en un local de un barrio bohemio de Santiago.  Al actor le llamó la atención todo esto, pues era de total conocimiento suyo que al escritor no le caía bien (cuando Lemebel odiaba, lo hacía con tanta o más intensidad que cuando amaba), de seguro por considerarlo muy "cuico" (de un estrato social más alto y por lo general de Derecha).  Entonces Castro se enteró del proyecto italiano de hacer la cinta y de que cuando le preguntaron qué histrión le parecía adecuado para interpretar a su protagonista, había dicho sin dudarlo que Alfredo Castro (un tremendo actor nacional, bastante afeminado para hablar y que ha realizado papeles de "machos alfa' de manera impresionante por su versatilidad).  Estuvieron hasta tarde charlando y tomándose unas copas...Bueno, esta historia suena linda, aunque no sé qué tan real es, pues por desgracia no tenemos al prosista para confirmarlo.
    Al final fueron  los mexicanos quienes pusieron plata para la cinta, en lo que sería una coproducción con Chile.  Dirigida por Rodrigo Sepúlveda, comenzó a filmarse el año pasado y debido a la pandemia en la que nos encontramos, con los cines cerrados en casi todo el mundo desde marzo, terminó por estrenarse a través de streaming (¡Cuánto me habría gustado verla en pantalla grande, junto a mis querid@s amig@s!); lo que me alegra es que mucha gente acá pagó sin problemas para poder acceder a ella, apoyando con tal acción el cine nacional, hace rato de capa caída con todo esto que estamos pasando.
    Por cierto, en el transcurso de 2019 se abrío una cuenta en Facebook para participar como extra; mi comadrita Ledda me dio el dato e invitó al grupo que tenemos a participar todos juntos, pero en el caso de que a uno lo aceptaran, había que levantarse temprano justo en días feriados... ¡Mucho sacrificio! Al final solo ella (ni siquiera mi amigo Marlo, su pareja) participó feliz de este evento y su nombre aparece en los créditos del filme como "figurante".
    Otra de mis amistades vio por YouTube la obra, lo que me llama poderosamente la atención, puesto que igual a menos que ello sea con permiso de los dueños de la película, me parece poco afortunado y siendo que tan solo el fin de semana pasada se estrenó de manera online.


V. Impresiones personales.
 
    Hace rato que leí la novela, así que solo tengo en la memoria unos cuantos detalles y la certeza de que me gustó mucho; por lo tanto, me referiré casi por completo solo a lo visto en el largometraje (aunque teniendo en cuenta lo poco que puedo recordar del libro), para compartirles mi opinión sobre el título que hoy nos reúne.
    Lo primero que diré para ir al grano, es que me gustó el filme.  Ahora bien, hay producciones nacionales que me han gustado más y dejado por completo admirado, lo que no es el caso de Tengo Miedo Torero; sin embargo, ello no significa que no la haya disfrutado y deje de recomendarla; al contrario, aplaudo mucho de ella y en especial la personificación del mentado Alfredo Castro, quien se nota se basó para su caracterización en el propio Pedro Lemebel (que su Loca del Frente no deja de recordármelo).  El tema es que el libro da para mucho más y en poco más de una hora y media, que lo que dura el montaje que hasta el momento hemos podido apreciar, no se consigue transmitir todo lo que uno lee en las páginas que comprende el libro.
    A las últimas palabras mencionadas en el párrafo anterior, se debe agregar el importante detalle de que en la práctica, la versión para la pantalla grande se afirma en la relación entre el travesti y Carlos, dándose una muy buena química entre los actores que los interpretan. Es así, que todo el resto de los personajes son secundarios y/o son meras comparsas, destacando solo uno de ellos, otro gay viejo llamado "Mamá", si bien de mejor pasar y por quien la Loca siente un tremendo afecto (y este es recíproco).  Por lo tanto, no hay mayor desarrollo de los personajes y de ese modo se nos escapa un retrato más completo de ese Chile, que merece ser conocido a través de estas historias, con todo un abanico de sujetos llamativos, entre héroes, antihéroes y si bien no hay villanos en el sentido más estricto de la palabra, sujetos condicionados por un sistema en el cual los que estaban "arriba", a la luz de la justicia social, son personas que dejan mucho que desear y que corresponde exponerlos para conocer el otro lado de la moneda.
    Una de las virtudes del libro, es que paralelamente a la historia de la Loca del Frente, aparecen capítulos dedicados nada menos que a Lucía Hiriart de Pinochet, la esposa del dictador. En estos pasajes el estilo de la narración cambia y si bien permiten humanizar a un detestable personaje real, ilustran de manera maravillosa y verosímil el otro mundo que había en aquel tiempo: el de los privilegiados que abrazaban y dirigían el régimen militar, haciendo la vista gorda o simplemente participando de los atropellos al resto de la gente sin culpa alguna.  Por mi parte, esperaba con ansias la dramatización de estos geniales momentos del libro. No obstante, todo esto no está y con ello se pierde un rico elemento argumental, que le habría dado mayor peso artístico a la cinta, convirtiéndola en algo más que el fenómeno mediático del momento.
     El Carlos del libro es un tipo mucho más joven e incluso, quizás, mucho más guapo; su edad ayuda bastante a definir mejor la especial relación que se da entre los dos coprotagonistas y destaca el contraste entre ambos...Pero está bien, no tiene por qué ser calcada la adaptación al material original y siempre serán mejores las películas que "nos pasamos en la cabeza" cuando leemos una buena historia.
    Hay varios momentos claves de la novela que se encuentran escenificados de manera plausible, destacando el cumpleaños sorpresa y uno que en verdad pensé no se iban a atrever a mostrar, de hondo homoerotismo...No obstante, mejor lo descubran por su cuenta quienes aún no han visto esta película.
     Otra cosa que me dejó con ganas y que es entendible, debido al poco presupuesto que se nota tuvieron para realizar esta pieza, corresponde a la ausencia total del atentado a Pinochet en el Cajón del Maipo; estamos hablando de un episodio llamativo, en la cronología del país en las últimas décadas y que marcó el último periodo del gobierno militar...Que todo esto lo abordara el gran Lemebel en su libro y que quizás nunca antes había sido considerado en las ficciones nacionales (o extranjeras), es otro punto destacable que hace recomendable la lectura del texto en cuestión.
    Por otro lado, destacable es la banda sonora, llena de canciones populares de la época y que un amigo que tuve le llamaba "Música para hacer el aseo" (a menos que me equivoque, no posee temas incidentales hechos a propósito o si los hay, son muy pocos y apenas se aprecian en las escenas donde salen).
   Por último, vemos a varios actores ya conocidos y reconocidos gracias a las producciones para la televisión (entiéndase teleseries), por aquí y por acá...El problema es que son siempre las mismas caras y habiendo tanto buen actor de teatro, deberían darle espacio a estos otros para mostrar su talento (que ya parece monopolio, mafia, favoritismo o simple falta de valentía para optar por nuevas caras y quedarse mejor con la supuesta seguridad, de conseguir el beneplácito del público mayoritario que apenas o nunca ha ido al teatro).

                                                                             Tráiler. 

domingo, 13 de septiembre de 2020

Pecados de Omisión. DÉCIMA PARTE.


1. Novela de Mars Attacks.

      Una de mis películas favoritas de Tim Burton es Mars Attacks, filme que vi solito allá en los noventa en uno de esos cines que desapareció ya hace tiempo, tal como escribí al comienzo de este mes.  Les estoy hablando de cuando el director estaba en pleno apogeo de su carrera y se le ocurrió hacer esta graciosa cinta en homenaje a las láminas homónimas que coleccionaba de chico y a todas esas cintas bizarras de ciencia ficción desechable que se hacían más o menos en esa misma época o antes (cincuenta y sesenta del siglo pasado).
     La idea de los extraterrestres cabezones, verdes y flacuchentos malosos "desde adentro", ya llevaba un largo tiempo en la cultura popular gracias a esa paranoia transmitida por el Hollywood de esos años; así que no era difícil sintonizar con esa comedia del director, a la que además llenó de estrellas y de un humor corrosivo que hace de las delicias del adulto sediento de parodia y sátira.
    No recuerdo si fue a finales de los noventa o a principios de este siglo (¡Qué rápido se pasa el tiempo!), pero a veces cuando recorría los kioscos de libros y revistas que antes habían alrededor del terminal de buses Alameda, varias veces me encontré con un bello tomo de portada bien colorinche, tal como las estampitas a las que quiso homenajear Burton con su filme. Se trataba claramente de una novela sobre esos "adorables" hombrecitos verdes, que más encima salía barata y estaba nueva (que en esos lugares vendían usados en su mayoría).  El nombre del texto y el de su autor no los recuerdo para nada y lo más probable es que en su momento nunca me fijé en aquellos detalles, así que tendré que googlear para averiguar más (que seguro hay más de un libro al respecto).
     Tuve dicho volumen en mis manos más de una vez y nunca me la llevé de puro tonto que soy.  Desde que le mostré la peli a mi sobrinito Amilcar, que le gustó harto como muchas de las de Burton que ha visto (dentro de las que puede contemplar a su edad), me arrepiento con más ganas de no haberla adquirido y es que tal vez cuándo la leería; no obstante, al menos la tendría dentro de mis curiosidades literarias ñoñas, tal como las novelas de Star Trek, de The X-Files, de Smalville, la novelización hecha por Chris Claremont de la tercera peli de los X-Men y las realizadas por Alan Dean Foster de Star Trek: The Motion Picture y Star Wars.


2. El Imperio del Sol de J. G. Ballard.

    Ballard es uno de los escritores británicos de ciencia ficción más amados y valorados entre la crítica y los lectores.  Para mis amigos fanáticos de la ciencia ficción si es que está entre sus favoritos, al menos se encuentra junto a los que más respetan; lo último, quizás, debido a sus novelas sesudas y de fuerte crítica social, que por mi parte no me interesa mucho leer (y ello marcado por mi único acercamiento a su narrativa, cuando entusiasmado me conseguí un libro de cuentos suyos cuando yo era aún un universitario y no pude terminar de leerlo, debido al tedio que me provocó su pluma).
    Sin embargo, la historia suya que sí acapara por completo mi atención, viene a ser su autobiografía sobre sus años de infancia en un campo de concentración japonés, durante la Segunda Guerra Mundial. 
     Filmada con gran sensibilidad por parte de Steven Spielberg durante los ochenta, la versión cinematográfica de El Imperio del Sol la aprecié a muy temprana edad (en VHS, que ojalá hubiese sido en el cine) y desde el primer instante me sobrecogió, sacándome un montón de lágrimas, efecto que se ha repetido todas las otras veces en que la he revisitado.  Fue así, que al saber de que se trataba de un libro y luego ya mayor me enteré que su autor era un connotado escritor de fantasía científica, que me hice la idea de comprarme el libro... Y entonces llegó un día durante la década pasada, en el que me encontraba en mi tienda favorita del rubro, la Librería Chilena y de la que ya les he contado harto en estas series de memorias (¡Como extraño ir para allá, que supe que hace poco volvió a abrir, ahora que levantaron- para bien o para mal- la cuarentena en el lugar donde están ubicadas sus dos sucursales!).  Aquella vez les había llegado todo un cargamento de títulos de la editorial especializada Minotauro, en tapa dura y blanda, a precios muy económicos.  Ese día me llevé varios títulos y entre los que tomé para llevarme conmigo, estaba la edición en tapa dura y con portada de la película más encima, de El Imperio del Sol; fue entonces que me acordé de mi desastroso primer encuentro con el Ballard literario y al final dejé en el mesón el ejemplar que había agarrado.  Cuando me arrepentí de mi error, pocos días después, ya se había agotado dicho título.


3. El Noveno Clon de Wes Craven.

    El "papá" de Freddy Krueguer es uno de los directores y guionistas de terror que más respeto y por quien más cariño siento; lo anterior, puesto que viene a ser para mí uno de los realizadores del género, que en mi adolescencia me concedió algunos de mis mejores momentos contemplando filmes de miedo, tripas y monstruosidades varias.
   En una época que no tengo clara con precisión (si en los noventa o en el transcurso del presente siglo), ediciones B publicó en español su novela El Noveno Clon, que solo gracias a Google vengo a saber sacó otros libros.
A estos lares llegó tanto en tapa dura y con sobrecubierta, como también en bolsillo; muchas veces me la encontré en ambas versiones, siempre barata más encima.  Años ya han pasado desde que nos dejó este artista y de vez en cuando pienso, como ahora, que sería genial (como orgulloso admirador suyo) tener en mi colección dicho libro, pese a que no tengo idea de qué trata.

4. La Noche de los Trekkies Vivientes.

   Desde niño que soy un trekker de corazón, ello gracias en especial a la serie animada que me veía una y otra vez cada ocasión que la pasaban en la tele.  Así que sigo con gusto todas las series y películas que salen de la franquicia y además de adquirir de vez en cuando, una que otra cosita que puedo conseguir dentro de todo el merchandising que hay por ahí.
    El año pasado estaba haciendo mi visita de rigor a la ya mencionada Librería Chilena, cuando me encontré en unos de sus estantes-mostradores el curioso libro del cual les cuento ahora.  Con un nombre como el suyo, más la portada que mostraba a un Spock zombificado, era imposible que no me llamara la atención...Por otro lado, ese tipo de productos no llega mucho por acá y en especial traducidos a nuestra lengua, así que se trataba de la oportunidad ideal para un trekkie amante de la lectura adquiriese (o trekker, que uso más bien esa palabra).
    La novela está coescrita por Kevin J. Anderson, lo que llamo un novelista "mercenario", ya que trabaja prácticamente por encargo y ello lo ha llevado a firmar novelas de Star Wars, de The X-Files y recientemente continuar la saga de Dune de Frank Herbert, junto al hijo de este, Brian Herbert.  La verdad es que tengo prejuicios con este narrador, que ignoro qué tanto habrá escrito por su cuenta y sin tratarse de solo hacer negocios con su talento; solo ahora en que investigaba para referirme a esta novela, me he enterado de que ha ganado importantes premios. He aquí la verdadera razón de por qué no compré esta parodia.
     Durante estos meses de pandemia y cuarentena, en los cuales solo el guasap y las videoconferencias me permiten mantener contacto con mis amigos, uno de ellos y con los que formé parte en los noventa de un fan club de Star Trek, habló estupendamente de dicha obra; hasta la compartió con el grupo en PDF (por cierto, yo no leo en digital) y así fue cómo me llegó el remordimiento por este pecado de omisión, con la cual termino esta entrega de mis recuerdos al respecto. Quién sabe, quizás la próxima vez que vaya a la Chilena (a estas alturas el 2021, que fe no me falta), aún queden existencias y pueda redimirme al respecto.

jueves, 10 de septiembre de 2020

El cine de ciencia ficción de Stuart Gordon.


    Si bien el muy llorado Stuart Gordon se hizo famoso gracias al género de terror, su talento como director le permitió incursionar en más de un estilo cinematográfico (que hasta comedia hizo...aunque no lo crean o sepan).  Es así que hoy repasaremos juntos su aporte para la ciencia ficción, con tres obras notables y abordando distintos tópicos del género, ganando premios por ello y más aún el respeto de sus seguidores y de la crítica.
    Bueno, vamos por parte dijo Jack el Destripador.

1. Robot Jox.

     Mucho antes de Pacific Rym (Titanes del Pacífico para los latinoamericanos de habla hispana) de Guillermo del Toro, con su tremendo presupuesto y efectos especiales, llegó en 1989 Robot Jox de la mano de nuestro otro querido director.  Me refiero a la famosa cinta del realizador mexicano, porque la obra que revisamos ahora bien corresponde a una ¿primera? versión gringa (si bien filmada en Italia) del llamado género japonés del Kaiju...Esto es tipos disfrazados, rodeados por un escenario simulando una ciudad que se ve pequeña a su alrededor, puesto que ellos se suponen son gigantescos monstruos o robots, peleando entre sí mínimo dos personajes con estas características.
     En esta ocasión el guión no corrió ni por parte del propio Gordon solamente, ni de su habitual colaborador, sino que estuvo a manos de un premiado autor de ciencia ficción literaria: Joe Haldeman.  Es así que para esta cinta, escribió la historia de dos naciones que en el pasado estuvieron al borde de la aniquilación, debido a sus conflictos bélicos (a ver, considerando la época en la que fue realizada esta cinta... ¿En quiénes piensan, que en realidad se estaba inspirando el artista cuando estaba realizando su labor narrativa?), para evitar la aniquilación total deciden arreglar sus asuntos internacionales a través de un representante por cada país, los cuales manejando un tremendo y sofisticado robot (mecha para los nipones), se enfrentan entre sí y con ello el ganador consigue otorgarle honor a su patria para obtener algún tipo de divisa.
     La trama gira en torno al campeón de..., quien ya tenía rencillas de antes por temas de orgullo con su viejo rival, si bien en realidad no encontramos villanía por parte del contrincante de la nación vecina. Entre medio nos encontramos con un romance que le da otras aristas interesantes y entretenidas al largometraje, donde la figura de la mujer como alguien emancipada también juega un rol importante.
      Excelentes efectos especiales para la época, con bellos diseños para los "mechas", en el mayor presupuesto con el que logró contar hasta el momento Stuart Gordon (10 millones de dólares). Sin embargo, igual esta producción suya no tuvo buena crítica en su momento, ni recaudación; pese a todo, como la mayor parte de los trabajos del director, fue cobrando valor agregado y hoy en día es un título imprescindible para apreciar su filmografía.
    Por cierto, solo cambiaría la pobre banda sonora que no le llega a la altura al carácter épico de este joyita.
     Y atentos los administradores de Jeffrey Combs, amigo y actor fetiche de Gordon, con un cameo muy gracioso.


                                                                     Tráiler en HD.
2. Fortress.


    En 1992 el actor francés Cristopher Lambert estaba en su apogeo y durante la década participó en un montón de cintas de todo calibre, superproducciones y otras independientes, con bastante presencia en los géneros fantásticos y de ciencia ficción.  Fue así como llegó a trabajar bajo las órdenes del creador de Reanimator, en La Fortaleza, un título por encargo donde Gordon logró demostrar su talento para conseguir un blockbuster de ciencia ficción hollywoodense y aun así no perder su impronta como artesano del mejor cine clase B.
     En un futuro cercano las cosas no están bien (bueno, eso no es algo solo de las ficciones ¿Cierto?) y entre todos los males a los que nos enfrentamos está la sobrepoblación; por esto mismo la gente solo puede tener un hijo y quienes osan no cumplir con la ley son considerados criminales, habiendo serias medidas contra ellos.  Es así que el protagonista es enviado a una prisión de máxima seguridad junto a su esposa y allí solo gracias al amor que se tienen logran mantenerse incólumes, enfrentándose a la violencia y al alcalde de la llamada "Fortaleza", un villano muy singular e interpretado magistralmente por Kurtwood Smith (estupendo secundario experto en interpretan malosos inolvidables y muy distintos entre sí).
     Divertida de principio a fin, abordando el tema de las distopías y del poder excesivo de las empresas privadas como escenario para nada alejado de la realidad, posee también como norte moral los valores de la familia y la fraternidad (masculina).
    Por otro lado, Stuart Gordon nos vuelve a demostrar su lealtad a sus propios amigos; al darle un muy interesante rol de importancia a su mayor actor fetiche...Si no saben de quién estoy hablando, no están listos para esta conversación entonces.


                                                                         Tráiler. 

3. Space Trucks.


    Teniendo nada menos que al veterano Dennis Hooper como protagonista (otro tremendo artista que nos dejó, aunque ya hace rato), corresponde su tercer y último filme del género, que más que ser una honda crítica social o profundizar en las grandes reflexiones sobre nuestra humanidad, pretende entretener sanamente con una historia graciosa, bien contada, actuada y armada.
     En este futuro la humanidad ha comenzado la diáspora por el sistema solar y en medio de dicho proceso se encuentran los "camioneros espaciales" (quienes les dan el nombre a la película) y gracias a los cuales es posible transportar todo tipo de materiales necesarios, entre los distintos asentamientos humanos fuera de la Tierra y el mismo planeta madre; para esto usan sus naves, habiendo corporativas dedicadas a ello, donde los capitanes/ conductores cuentan con los mejores modelos para realizar su labor y también se encuentran quienes trabajan por su cuenta, usando máquinas antiguas, aunque aun así bastante útiles... Y es justamente corresponde a uno de estos últimos el protagonista interpretado por Hooper, un buen hombre ya maduro que desea terminar sus días de lobo solitario y para ello busca una buena esposa, depositando sus ojos en una joven y bella mesera.  Cabe mencionar que en el peligroso viaje en el que se involucra, no solo se une la mencionada damisela, sino que también un apuesto muchacho que desea trabajar con este particular héroe.
     En los papeles destacan Charles Dance (mucho tiempo después como el maquiavélico patriarca Lannister en Juego de Tronos), haciendo de un ciborg que resulta ser bastante más complejo en su personalidad, que lo que nos parece tras la primera impresión que nos damos de él y en uno de sus primeros roles Stephen Dorff, como el buen chico que se une al protagonista para seguir sus pasos.  Y como valor agregado, la siempre adorable y despampanante Barbara Crampton (la estrella femenina de 3 de sus cintas de miedo) aparece al final en un pequeño rol sorpresa.
     El humor toma un rol fundamental en esta pieza, un ave raris del género y que pese a todo posee ese agradable sabor del cine clase B bien hecho, el cual se nota filmado con cariño y respeto para los amantes de este tipo de obras.  Aventuras, un picante erotismo y algo de western llevado a las estrellas, donde los efectos especiales están trabajados con inteligencia en un producto que sin ser una mega producción, sale muy bien "parado" frente a cintas más caras que esta y aun así carentes de su genialidad.


                                                                                      Tráiler. 

domingo, 6 de septiembre de 2020

Mis películas favoritas de fantasmas. Novena parte: Al Final de la Escalera.

 

     Bajo el nombre original de The Changeling (traducción literal: El Cambiante/El Mutante… , extraña expresión que solo se entiende cuando se profundiza en sus acontecimientos, ya que en español las palabras literales no funcionan mucho en este caso), es un filme canadiense de 1980 que en otros países de habla hispana recibió como nombre  El Intermediario del Diablo en México y para nada asertivo a su trama (como de claras pretensiones comerciales), si bien en Argentina se le conoció bajo el título de El Impostor, (lejos más ad hoc a esta historia); igual el nombre que le pusieron en España y en Chile resulta ser bastante cercano a lo que pasa en la obra, sugerente y ominoso, tal como esta cinta que les estoy presentando.
    Dirigida por Peter Medak, tiene como protagonista al oscarizado George C. Scott, en su primera película sobre fantasmas, que la otra corresponde a una de las mejores adaptaciones del clásico de Charles Dickens Un Cuento de Navidad (1984), así como en su debut en el género del terror años antes de Ojos de Fuego (1984), sobre la novela homónima de Stephen King y El Exorcista III (1991).
    El guión gira en torno a un connotado músico que ha sufrido la pérdida de su familia, en una desgracia que lo ha hecho sentirse bastante mal y culpable.  El hombre decide “cambiar de aires” e irse a vivir a un nuevo hogar (claramente para alejarse de los “fantasmas” del pasado, si bien llegaron otros hasta él), aprovechando que le han ofrecido un importante puesto en otra ciudad.  De ese modo llega a una comunidad que se promueve como un sitio ideal, entre gente que se muestra noble en su totalidad, siendo que además ha tomado posesión absoluta de una tremenda y hermosa mansión hace tiempo sin usar… Todo parece la oportunidad justa para comenzar a sanar o evadir tantas penas a cuestas; pero no resulta así, si bien la aventura que tendrá lo ayudará en parte para reafirmarse y no perder la lozanía, que estamos frente  a un hombre maduro que comenzó a volverse viejo desde que se quedó por completo solo.
     Una presencia sobrenatural se manifiesta en la casa, cada vez más insistente y aterradora.  El protagonista comienza a investigar acerca del origen de todo y es así que entra en conocimiento del pasado del edificio y de la identidad de los antiguos moradores de esas paredes.  Un horrible crimen se cometió hace décadas y ha quedado impune, de modo que el espíritu que está atrapado en dicho lugar y que ahora tiene alguien que pueda atender sus exigencias, lo usa para cobrar una deuda pendiente. 


     Lo que en un principio puede verse como una historia centrada en un mal del Más Allá, por mucho que trate el tema de la venganza, trata sobre la justicia y es que tal como se va desarrollando el argumento, en realidad el peligro al que está expuesto nuestro antihéroe, tiene que ver con la maldad humana que encontramos en los mismos vivos.
     La obra también aborda los temas de la resiliencia para afrontar el dolor y donde vemos a un sujeto que se encuentra con la oportunidad, además, de resarcir sus culpas internas al realizar la tarea en la cual se ve involucrado; así como también trata sobre el tema de la amistad entre un hombre y una mujer, siendo que esto último se retrata en torno a dos personas de muy distinta edad.
     En suma, corresponde a un filme bellamente realizado con estupendas actuaciones y una localización inolvidable que nos regala verdaderos momentos de horror (a través de escenas sacadas de la más rancia tradición gótica, actualizadas para la época en la que se realizó este largometraje, de manera inteligente y efectiva), ideales para apreciar de noche y en lo posible a solas.  Una joyita que hoy en día es todo un tesoro del cine de miedo y está considerada entre lo sobresaliente de su tipo; por todo esto es importante rescatarla del olvido y para descubrimiento de las nuevas generaciones.

                                                 

Tráiler en HD.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Así era en mis tiempos (novena parte): Las salas de cine.


I. El comienzo de todo.

    De niño solo asistí cuatro veces al cine y eso fue a principios de los ochenta y la última vez supongo que ocurrió a mediados de esa década prodigiosa.  Las dos primeras veces fuí con mis papás, primero a ver Alicia en el País de las Maravillas en la versión animada de Disney y la segunda El Barrendero de Cantinflas; en ese tiempo en Chile se estrenaban con bombos y platillos reposiciones, que los títulos mencionados ya eran pelis "viejas" en aquellos años y en ambas ocasiones me llevaron solo a mí (el muy regalón... y todavía recuerdo el miedo que me dio cuando antes de entrar a ver la cinta mexicana,  mi mamá preguntó en la boletería si los niños pagaban y es que pensé de dónde sacaría dinero para costearme mi entrada).
    La tercera vez acudí junto a mis hermanas mayores Kika y Ani, quienes nos sacaron a pasear a mi hermana menor Jenny, a mi hermana unos años mayor Mabel y a nuestra sobrina Cherie, más su humilde servidor, a ver nada menos que Furia de Titanes. El clásico filme con efectos especiales del maestro Ray Harryhausen, se estaba exhibiendo en el entonces sofisticado cine Santa Lucía, el único que había en la ciudad (no sé si existían otros de su tipo en el país) con el sistema de la pantalla curva y gigante de Cinerama (un antepasado del IMAX); definitivamente me aterré con los monstruos y en especial con el Kraken, que a los ojos de un niño por entonces parecía que iba a salirse para arrasar con el público.
     La cuarta vez también asistí en familia y esta vez la encargada de los pequeños fue mi otra hermana Mirtha, aunque ahora los niños éramos solo los hermanos Jenny, Mabel y yo.  El largometraje elegido fue La Ratoncita Valiente, que en la escena cuando le salen una especie de poderes con rayos y cosas así, también me dio algo de miedo (aunque esa vez no me tapé los ojos, ni grité).
      Tuvieron que llegar los noventa para que por fin pudiera comenzar a ir al cine, ahora con cierta regularidad cuando aún escolar (si bien en la enseñanza media), ya tenía mayor independencia y permiso para asistir con amigos y hasta solo.

II. Cómo funcionaba todo antiguamente.

     Me habría gustado haber disfrutado más de los cines en los ochenta, que me perdí tanto y solo gracias a lo que me han contado mis amigos puedo hacerme una idea de sus maravillas (todo con un extraño sentimiento de nostalgia por algo que apenas conocí, pero que igual forma parte de mi vida pasada y querida).
      Les voy a habar de cómo eran las cosas acá antes de las salas en malls y con tecnología avanzada como las de ahora.  Para ordenarme en mis ideas, voy a enumerar punto por punto, así me aseguro de que no se me escapa algo de estas remembranzas.


1. En primer lugar algo normal de las exhibiciones, era que fuesen rotativas, o sea, uno pagaba por su entrada y podía repetírsela todas las veces que quisiera el mismo día.  Esto permitía que si uno llegaba atrasado a una función, entraba no más cuando ya llevaba un rato dándose la peli y luego se quedaba para ver lo que le faltaba y seguir en un ciclo continuo si se le daba la gana.

2.  Para ver una película estreno y en especial los verdaderos blockbusters, se debía hacer fila y esta podía incluso abarcar cuadras, ya que no había preventa, ni reservas telefónicas. Se podía pasar horas "a la cola" y si se era pudiente podía ahorrarse el tiempo de espera, comprándole a los revendedores las entradas que ignoro qué tanto subían el costo de estas (al respecto, nunca voy a olvidar las más de 5 horas que estuve esperando para ver junto a mis hermanas Jurasic Park, justo al comienzo de las vacaciones de invierno y que al final no pudimos ingresar porque nos choreamos de tanto estar de pie y perder el tiempo... que menos mal ese día no llovía).

3. Asimismo, solo unas pocas salas te hacían escoger tu asiento antes de comenzar la función, así que era todo un engorro cuando entraba la gente en tropel a la sala y prácticamente debías luchar por el mejor asiento en el caso de que fuesen muchos los que estaban adentro... ¡Imaginen lo complicado que era si más encima habías asistido en grupo!

4. Para entusiasmarte con la dichosa cinta al estar en las dependencias del cine, en sus paredes exteriores habían unas pequeñas vitrinas dentro de las cuales ponían bellas fotos de la obra, en calidad fotográfica con el propósito de que diera más gusto apreciarlas (mucho deseé tener algunas de ellas y me imaginaba cómo adquirlas).

5. Habían expertos que reproducían en tamaño gigante los afiches de los largometrajes, pintados a mano y con colores tan vistosos, que cuando mirabas estos lienzos puestos sobre un armazón de madera encima de la entrada de los cines (en el caso de los más gigantes) o en los pasillos y puertas, quedabas deslumbrado.  Era un arte y una disciplina que extraño, lamentando se haya perdido y me pregunto qué fue de quienes las hacían y cómo fueron sus vidas una vez que no los necesitaron más para ello (¿Quedarán todavía algunos de aquellos bellos cuadros rescatados del olvido y la destrucción?)

6. Cuando las pelis ya llevaban su buen tiempo en cartelera, se llevaban a los cine dedicados a exhibir programas dobles y triples; algunas veces juntaban más de un título del mismo género u otras veces era una mezcla bizarra de un estilo y otro. Por mi parte, tuve la suerte de disfrutar hartos de esos espectáculos, que lo mejor era que tenían el formato rotativo y por muy poca plata uno se daba todo un festín.

7. En los programas dobles antes de una peli o entre medio de una y otra daban El Mundo al Instante, unos interesantes documentales alemanes de curiosidades europeas y también cartoons como El Pájaro Loco o Droopy (al menos de lo que yo recuerdo haber visto).



8. El antiguo formato del Cine 3-D con las gafas que llevaban una lámina roja y otra azul, una distinta para cada ojo, ya había pasado su etapa de gloria hace rato; sin embargo, en 1992 pude darme el gusto de ver la única cinta con ese recurso y que fue La Muerte de Freddy, que aún me fascina.  La manera de cómo hoy en día se utiliza esta tecnología más avanzada no me gusta mucho, que ya no se privilegia la idea de las imágenes que parecieran salir de la pantalla, sino que cómicamente es todo al revés: primar la profundidad de las escenas.

9. Antes existían los llamados "cines de barrio", salas más pequeñas que exhibían reestrenos y también programas dobles y triples.  Siempre quise ir a uno y estuve a punto de asistir al de Cartagena durante unas vacaciones de verano, que teniendo el dinero al final desistí y ello me penará por siempre (siendo ese mismo un lugar del cual mi querido amigo Miguel Acevedo tiene bellos recuerdos y hasta escribió un libro al respecto).  De más chico a veces pasaba por el que se encontraba en la calle San Pablo y uno en una pequeña galería en Estación Central, como otro que estaba en un "caracol comercial" en el paradero 17 de Gran Avenida; locales afuera de los que me paraba para contemplar con deseo los afiches que ponían, dentro de esos carteles que se abrían por ambos lados y que los protegían con un vidrio (no se me ocurre una palabra más exacta para definirlos, sorry).   Como era muy chico cuando funcionaban, nunca me aprendí sus nombres. Los que no demolieron, fueron transformados en  discos, clubes nocturnos, tiendas o iglesias evangélicas.

10. Otros cines se transformaron luego de la decadencia de las viejas salas y la llegada de las cadenas internacionales, en salas porno.

11. Por cierto, al Cinerama solo volví a ir una vez y eso fue en 1992 para ver junto a mi cuñado Fabián (uno de mis compañeros habituales al cine de mi época de liceano, que además como tenía plata si no me invitaba al menos me compraba algo rico para comer) nada menos que El Hombre del Jardín, supuestamente basada en el cuento homónimo de Stephen King; un muy buen filme de ciencia ficción, pero que vendieron de manera engañosa como una adaptación del llamado Rey del Terror.

12. El Centro de Santiago estaba lleno de salas de cine de todo calibre, entre las más topísimas y con mejor calidad de imagen y sonido, las de "medio pelo" y las que no se habían renovado, aunque daban o bien cine-arte o bien los populares programas dobles y triples.  Dentro de los mejores, recuerdo con un gran cariño el más ostentoso de todos: el Gran Palace, una sala gigantesca que opacaba a todas las demás y donde fuí a ver muchas de mis películas favoritas; posteriormente fue transformada en multisala perteneciente a Chilefilms (compuesta de 4 salas), para competir con las empresas extranjeras que llegaron a instaurar su imperio... Fue en esos últimos años que se puso al lado un local de la cadena Bravissimo, que tanto me gusta y entonces era costumbre con mis amigos antes o después de la peli pasar a comer algo rico. Para pena de los cinéfilos como yo, desaparecieron casi todas estas salas y hasta Hoyts cerró dos de sus dependencias, siendo la clausura que me dolió más la del Paseo San Agustín, con la que comenzó la era de las multisalas modernas a finales de los noventa (su "deceso" fue hace como dos años ya) y que visité hasta con mi mamá y mi sobrinito Amilcar.

13. Era muy habitual en lugares del "tercer mundo" (¿O tal vez también en los llamados "países desarrollados?), que se exhibieran telefilmes como todo un producto hollywoodense de alto prestigio; fue así cómo llegó acá el piloto de la serie original de Galactica a finales de los setenta y en los ochenta se dio Shogun, cuando aún se estaba dando en la tele.

14. Por otro lado, en una época en la que yo aún era muy niño o bien no tengo mayores recuerdos al respecto, salvo lo que me han contado mis amistades, se exhibían hartas animaciones japonesas (no series, si no que animés realizados para los cines nipones y verdaderas joyas, por cierto); lo mismo que mucho kaiju, que incluso a fines de los setenta para aprovechar el estreno de la versión de King-Kong producida por Dino de Laurentis, algunos distribuidores nada de tontos trajeron para estos lares antes de la superproducción gringa, la entretenida King-Kong se escapa.

III. El cine hoy.

    Ahora que seguimos con esta pandemia y pese a ello se está levantando poco a poco la cuarentena, todavía es incierto cuándo vuelvan a abrir los cines; como también no sabemos en qué condiciones funcionarán, mientras no haya una vacuna contra este bicho desgraciado. Un montón de títulos proyectados se retrasaron y en el caso de muchos ya tienen nueva fecha para el año que viene.  Mientras tanto nos queda extrañar estos lugares y recordar los mejores tiempos, cuando lo que he contado era parte de la vida de uno, todo era más sencillo a los ojos de un niño o alguien más joven y todavía "el mundo no se había movido".


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