viernes, 10 de abril de 2020

Por amor a Stuart Gordon.


A tres de mis más viej@s y valios@s amig@s,
Cecilia Navia, Miguel Acevedo y Marcelo López,
por todas esas bellas pesadillas junt@s
y por las que vendrán
(hay dos por lo menos que debería mencionar, 
pero no los invocaré a menos que sea necesario).

I. Para comenzar.

      El pasado 24 de marzo, hace casi dos semanas ya, me enteré con gran pesar de que uno de mis directores favoritos de cine falleció. Y es que Stuart Gordon, un verdadero "Maestro del Horror", se nos fue ese día a la edad de 72 años, dejando un legado consistente en una buena cantidad de producciones hechas para el cine y la televisión, entre las que se encuentran clásicos del terror y algunas consideradas entre las mejores películas del género. Pero este autor también incursionó en otras temáticas que para nada le salían mal, al contrario, son evidencia de su talento y versatilidad, que me estoy refiriendo a sus obras de ciencia ficción y otras de tipo realista (las que pude descubrir con enorme dicha por mi parte los últimos días), poseedoras de una gran carga de crítica social que no había encontrado en sus piezas más bizarras; más encima, hizo una comedia, de la cual algo les hablaré más adelante, que hasta el momento no he podido conseguir y apreciar.
     Ya antes, en el transcurso de 2012, le dediqué un primer post en este blog y luego durante el año 2014 volví a escribir sobre otra de sus producciones, de modo que espero no repetirme en las ideas que expondré a partir de ahora. En todo caso, voy a dividir, por lo menos, este tributo al genio de Gordon en 5 partes, porque harto tengo para hablar de él. Por lo tanto, luego de estas palabras introductorias, me referiré primero a su filmografía de horror, para luego pasar a las que corresponden a la ciencia ficción, continuando con sus filmes "realistas" (que por lo general están dentro de sus títulos más posteriores) y terminando con su contribución a la televisión.
      En cuanto a las características generales de su labor como cineasta, les puedo decir que:

1. Uno de sus primeras obsesiones, temas recurrentes o como quieran llamarles, corresponde al de la violencia gráfica y la que mostraba en sus obras con todo un desborde gore de la mayor truculencia, que los medios de los que disponía podían darle (ya sea en cuanto a presupuesto, como a las posibilidades técnicas de la época; si bien tuvo la suerte de trabajar con artistas de la talla de John Bluecher, Greg Cannon y los muchachos de la KNB, para representar de la manera más efectiva sus pesadillas visuales). Por lo tanto, su cine es del gusto de los amantes de las "emociones fuertes", lo que ya cuando comenzó en los ochenta con estas cintas, provocó rechazo entre las mentes más estrechas y la censura. Asimismo, esta violencia no solo atañe a las monstruosidades de sus historias, por lo general de origen sobrenatural, sino que también es propia de sujetos de carne y hueso, que retrató como personas desquiciadas incapaces de mirar a los otros como a su prójimo y que convierten a quienes los rodean en objetos a los cuales no les importa desechar (psicópatas, mafiosos y otros).

El mítico N° 1 de la revista Fangoria en la lengua de Cervantes y la primera vez que leí sobre Stuart Gordon.
2. Ligado a lo anterior, nos encontramos con todo tipo de criaturas pavorosas y cuya presencia en pantalla no deja de impactar no solo por lo bien hechas que están, como por su imagen esperpéntica, sino que son seres que no son "gratuitos" a la trama, ya que son por completo parte esencial de esta; en otras palabras, tal como en las mejores narraciones literarias, los esperpentos que conjuraba para nuestra contemplación y morbo, eran parte de la razón de ser que hacía que su obra fuese de horror.

3. El sexo viene a ser otro elemento relevante en su desempeño artístico, el cual por un lado es abordado como una de las emociones básicas del ser humano (en cuanto al deseo erótico y al placer que provoca llevarlo a efecto); este va de la mano con el instinto de supervivencia, frente al miedo que sienten los personajes, por estar expuestos a todo tipo de atrocidades (humanas y del Más Allá) y la violencia a la que se enfrentan.
     Es así que sus héroes, antihéroes y villanos (entre humanos y monstruos) gozan del sexo, ya sea como un acto de amor, simple disfrute carnal o una manera más de poseer a su víctima. Por lo tanto, tenemos escenas que llegan a ser casi explicitas, donde los desnudos completos femeninos y también masculinos se muestran sin tapujos; en esto último, encontramos una estética en la cual en medio de todo el horror que circula por ahí, hay un aprecio hacia la belleza del cuerpo humano, donde ambos géneros sexuales aparecen en todo su esplendor y las mujeres son en verdad bellezas despampanantes y los hombres machos alfa.

4. Desde pequeño Gordon fue un amante de las historias de miedo, que no solo del séptimo arte, sino que por igual de la vertiente literaria; de este modo tuvo entre sus maestros a nada menos que Edgar Allan Poe y Howard Phillip Lovecfat, a los cuales rindió honores llevando algunas de sus creaciones a la pantalla grande y pequeña, como incluso poniéndole a algunos de sus personajes el mismo nombre o apellido de estos. Ahora bien, sus adaptaciones extienden bastante los relatos originales de sus autores favoritos, puesto que se trata de textos cortos y, más encima, al llevarlos a escena para hacerlos más efectivos (y comerciales), no vaciló en ponerle de su cosecha (o sea, violencia y sexo a granel, como a su vez bestialidades por doquier). Sin embargo, al leer y conocer el material del cual sacó sus ideas, bien podemos observar que trató con enorme respeto y amor a las ficciones de estos maestros.

5. Como es habitual entre muchos directores, Stuart Gordon no dejaba de tener actores fetiches y entre ellos amigos suyos desde su época haciendo teatro. Es así que en este grupo se encuentra Carolyn Purdy Gordon, nada menos que su esposa y con quien ha trabajado en Re-Animator, Dolls y The Pit and the Pendulum; también hay que destacar a Jeffrey Combs (uno de mis histriones favoritos), todo un camaleón y a quien lo tuvo de protagonista en títulos como Reanimator, From Beyond, Castle Freak y The Black Cat y como secundario en The Pit and The Pendulum y Fortress (sin olvidar sus papeles breves, de una escena o como cameos en Robot Jox y Edmond); y en la misma senda que Combs, junto a este mismo tuvo en tres de sus producciones a la preciosa Barbara Crampton, en Re-Animator, From Beyond y Castle Freak (siendo que en las dos primeras o mejor dicho en la segunda, se ve increíble); y otro que fue llamado más de una vez fue Ezra Godden, con el que hizo Dagon y Dreams in the Witch House.
     Por otro lado, tuvo a varios artistas de renombre, algunos con una larga trayectoria en el género y similares como Lance Hernricksen (The Pit and The Pendulum), Anthony Perkins (Daugther of Darkness), Dennis Hooper (Space Truckers), Oliver Reed (The Pit and The Pendulum), Christopher Lambert (Fortress), Mena Suvari (Edmond y Stuck), Stephen Rea (Stuck) y William H. Macy (Edmond), entre otros que de seguro se me escapan.


6. Si bien Stuart Gordon llegó a hacer verdaderas joyas del cine, que lo consagraron a nivel mundial y le otorgaron varios premios, en especial durante sus últimas producciones y que corresponden a las de la década pasada, en la práctica sus trabajos fueron hechos con presupuestos pequeños y ello si se considera la enorme cantidad de millones de dólares de los títulos más "hollywoodenses".
     Teniendo en cuenta lo anterior, es que Stuart Gordon, tal como otros Maestros del Horror (recordemos a sus pares, muchos de ellos sus amigos y con quienes estuvo involucrado en el proyecto televisivo de Mick Garris Masters of Horror y luego en su sucesor Fear it Self), hacía películas independientes y para productoras de Clase B, o sea, que hacían filmes por lo general de "género" como terror, ciencia ficción, fantasía, western y otros, con poco presupuesto y aun así "dignas" buena parte de ellas; por lo mismo es que podía conseguirse a actores de talento y veteranos que no le hacían asco a trabajar en tales cintas o también porque sinceramente les gustaba hacer este tipo de cine, tales como los hoy recordados y llorados Hooper, Perkins y Reed, además de Henricksen que aún lo tenemos como nosotros.
     Es por todo esto que trabajó junto a su amigo de juventud Bryan Yuzna, quien hizo de productor en varios de sus largometrajes y Richard Band, a través de la productora de este último, Empire Pictures, quienes lo ayudaron a comenzar comercialmente su carrera a partir de Re-Animator; luego en los noventa estuvo Full Moon y a principios del presente siglo Fantastic Factory, todas empresas ligadas a los nombres ya mencionados. Cabe mencionar que muchas de estos filmes se hicieron en Italia, donde los productores compraron un estudio y por tal razón esos paisajes y construcciones espectaculares que vemos en dichas obras, como los castillos, provienen de allá (salvo en un caso particular, filmado nada menos que en la Madre Patria y del cual les hablaré, espero, en la siguiente parte de este homenaje mío al gran Gordon).
     Un punto aparte dentro de este lazo suyo con productoras como las mencionadas, viene a ser su filme King of Ants, hecho para una empresa "famosa" por sus pastiches de muy bajo presupuesto, con historias ridículas, refritos de bloockbusters hollywoodenses; me estoy refiriendo a The Assylum y para la cual Stuart Gordon parecieron hizo la única cinta "seria" y de valor artístico dentro de su catálogo.
     En cuanto a sus filmes serios, también realistas como el anterior y de enorme calidad, Edmond y Stuck, trabajó con otros estudios independientes; ello demostró, sin dudas, su maestría a la hora de realizar un producto muy estilizado, con muy poco dinero, teniendo tremendos artistas y por tales razones logró conseguir el favor de la crítica especializada, que antes había obviado su cine gore.
     Podríamos decir que solo Fortress es su única megaproducción, pero eso será abordado cuando les comente sobre su cine de ciencia ficción.

7. Stuart Gordon usaba el humor para bajar la tensión en sus obras más duras, algo que podemos encontrar tanto en sus títulos de horror y de ciencia ficción, como en los dramáticos. Estamos hablando, en todo caso, de uno bien negro, que recordemos los temas del director son la muerte, la violencia y la miseria humana (por no mencionar los monstruos), así que obviamente debía estar ligado a la temática de sus obras y argumentos. Era para él un recurso que ocupaba a través de diálogos ingeniosos o situaciones que bordeaban lo absurdo, aun así en los momentos tensos. Más encima, al ser llevados por actores tan profesionales como el mismísimo Jefrey Combs o un multipremiado William H. Macy, imposible que el espectador se relajara un poco y luego el cineasta no lo golpeara luego, al pillarlo indefenso, con otra brutalidad de su parte.


II. Mi experiencia junto a sus películas.

    Conocí a Stuart Gordon gracias a mi querida revista Fangoria, de la cual saqué en su edición original al español el nombre para este blog. Fue uno de los primeros números que tengo, que aún los conservo todos (y les estoy hablando de por allá 1991, más o menos) que supe de él gracias a un artículo sobre las mejores películas de terror; así fue que me entusiasmé con Re-Animator, From Beyond y Dolls, pero en especial con la primera y ello debido a las fotos que de vez en cuando publicaban de manera retrospectiva (la imagen de los intestinos tentaculares atrapando a su presa, se me quedó grabada para siempre, hasta que tuve la dicha de verlo en pantalla una vez que me conseguí la película). Luego, en números sucesivos, entrevistaron a Jefrey Combs (al cual luego amaría más por su trabajo para Star Trek, en dos de sus spin-offs) y cubrieron sus trabajos de aquellos años, Fortress, The Pit and The Pendulum y Space Truckers; de modo que era imposible no quisiera devorarme todo lo que hacía...Con el tiempo pude darme ese gusto.
    Nunca tuve la oportunidad de ver sus películas en el cine, que de niño obviamente no pude apreciar sus filmes ochenteros (en el caso de que los hayan dado acá) y luego en los noventa, solo estrenaron más o menos "con bombos y platillos" Fortress (que mi compadre Miguel pudo darse el gusto de contemplarla en pantalla grande). En cambio, me tuve que conformar con apreciar su mano gracias al VHS y luego al DVD; hasta que luego logré descargar en HD sus obras y una me compré en blu-ray, aunque pirateada (la verdad es que cuando me enteré de su fallecimiento, ya en cuarentena por el maldito Coronavirus, me dispuse a bajar con la mejor calidad posible sus películas y así lo he logrado, salvo dos que no he podido conseguir)...Por cierto, creo que fue a fines de los noventa, que en uno de esos festivales de cine que se hacían en ese tiempo, en lugares como el Conservatorio de Música (¡Qué bellos recuerdos tengo de ese lugar!) dieron Castle Freak...¡Y no asistí! Una de esas tonteras que uno comete de vez en cuando.
    La mayoría de sus películas me las he visto solo, aunque luego las he comentado como todo admirador suyo, junto a amigos que también gozan de su filmografía; y es que no conozco a ningún amante del cine de terror, que no sienta cariño por lo que este hizo (que además a mis compañeros les gusta también leer bastante...¿Y qué no mejor para quienes adoramos la pluma de Poe y Lovecraft, que encontrarmos con alguien como Stuart Gordon, quien tan bien los supo adaptar al celuloide?). Me sobran los dedos de una mano, de las ocasiones de cuando pude ver algo suyo con algunos de estos amigos y una o dos veces en que fue así, lo recuerdo con nostalgia.
     Solo me queda decir, por ahora, gracias por todo Stuart Gordon y como creyente en Dios que soy y que estoy seguro fuiste una gran persona en vida, espero que en el Más Allá (pero uno paradisiaco, eso sí, no como el de tu genial película) puedas encontrarte con tus maestros y colegas que te han precedido; que sin lugar a dudas les hiciste honor.



lunes, 6 de abril de 2020

Mejorando (considerablemente) la historia.


I. Superadas toda las expectativas.

     Comienzo reconociendo con la mano en el corazón (¡Qué retórico soy!), que no le tenía mucha fe a la tercera y última temporada de Mr. Mercedes; y es que si bien la primera temporada me entretuvo y dio buenos momentos en casa, no dejaba de compararla con el libro y de ese modo el programa por lo general quedaba perdiendo ante la comparación. Luego, la segunda temporada fue peor para mí, con tantos cambios que le hicieron a mi libro favorito de la trilogía, que me sentí hasta estafado y pensé que sus (ir)responsables le hicieron un flaco favor al texto de Stephen King (claro, guardando las proporciones, que tampoco estábamos frente a un desastre de adaptación, como es el casi de la degradación por la que fue pasando la versión para la tele de Bajo la Cúpula o lo que pasó con ese bodrio cinematográfico que es la película de La Torre Oscura). 
     Así que me dispuse a verla solo para terminar el ciclo, que tampoco se trataba del mejor libro de la saga (o al menos fue el que tuvo menor incidencia en mí), así que no tenían mucho para echar a perder a mis ojos...Por el contrario, desde su primer episodio de los 10 que la comprenden, la misma cantidad de capítulos en las dos que le precedieron, me enganchó de inmediato y pude darme cuenta que estaba frente a una verdadera adaptación de lujo.
     Ahora les explico por qué mi cambio tan drástico de parecer.

II. La historia.

    Han pasado cerca de 5 años desde que nuestros héroes "batallaron" contra el psicópata Brady Hartsfield; es más, este es ahora es solo parte del pasado para mucha gente, un mal recuerdo, aunque todavía sigue su huella en la ciudad y los protagonistas, unos más que otros, igual deben lidiar con su presencia en sus recuerdos.
     Respecto a lo último dicho, quien peor sobrelleva esto es Lou Linklatter, la antigua colega y amiga del fallecido villano; puesto que tras su inesperada intervención en el juicio a Mr.Mercedes (la temporada anterior), ahora comienza su propio proceso legal y que la puede llevar a perder no solo su libertad, sino que su mismísima cordura. Pero la chica no está sola, ya que aparte de un excelente abogado defensor que tiene, cuenta nada menos que con el apoyo de Bill Hodges y sus compañeros, quienes pondrán todo de su parte para ayudarla.
      Por otro lado, tenemos la otra gran línea argumental de la temporada, tanto o más atractiva que la recién mencionada. Una leyenda viviente literaria de la ciudad, ha sido asesinada en su retiro de años y el culpable ha escapado, llevando consigo millones de dólares y, lo más importante, varios manuscritos suyos inéditos (que el tipo de puro "mañoso" no publicaba hace décadas). Sin embargo el botín llega a manos de un muchacho, quien lo usa para sus propios fines, si bien se trata de un buen chico que solo quiere ayudar a su familia en apuros económicos; no obstante, va a tener que enfrentarse a la ira del criminal, que solo quiere sus tesoros y, aún peor que él, a una madura mujer que está detrás de este. Solo la intervención de Finders Keepers (la agencia de detectives privados de ya saben quiénes), puede salvarle la vida a él y a los suyos.


III. Los aportes de la esta última temporada.

     Para ordenarme y realizar mejor mi comentario personal, análisis y panegírico, voy a enumerarlos mejor ¿Les parece?

1. Si partimos con las vicisitudes de mi personaje favorito de la serie (que en los libros lejos es Holly y bien deseo leer de ella sus posteriores aventuras, que por lo menos hay dos más de suyas para gozo de sus admiradores), la muy auténtica Lou, destacable es que para mantener al personaje en pantalla, que ni sale en el segundo libro y del cual se nutrió esta tercera temporada, le hayan dado este arco argumental tan interesante y que no deja de mantenernos atentos a su desarrollo. Asimismo, fue por medio de este apartado del argumento central, que se justificó de manera tan inteligente que el show siguiera llamándose Mr. Mercedes. Por otro lado, si bien las actuaciones en general son de primer nivel en toda la serie, no cabe duda que la de la actriz que la personificó (Breeda Wool), puede ser una de las mejores o al menos de las más conmovedoras; y es que si bien a lo largo de esta temporada, tuvimos varios monólogos y diálogos de gran poder dramático y de una calidad cuasi shakespereana, muchas de estas escenas la tuvieron a ella de protagonista.

2. Siguiendo con el apartado dedicado a Lou, debemos recordar que el creador de este programa, David E. Kelley, se hizo famoso por sus programas sobre abogados y tribunales, hoy títulos clásicos de la pantalla chica; es así que por medio de esta parte de la historia, demostró su maestría al conseguir nuestra atención y con todo lo que concierne al proceso judicial de la coprotagonista; de tal modo, que cada intervención de los personajes involucrados en ello, resulta ser algo para apreciar con todo lo potente que viene a ser en pantalla.

3. Para que se desarrollara con credibilidad lo concerniente al juicio de Lou , se crearon dos tremendos personajes y de personalidades muy atractivas. En primer lugar, tenemos a un juez deslenguado, un tipo de conducta extrovertida y que cada vez que sale es un gozo verlo. Luego está el abogado defensor de nuestra coprotagonista, quien en un principio se ve como un tipo demasiado formal y aburrido, pero que luego saca a relucir otras facetas suyas, entre ellas su propia nobleza; destacable, además, viene a ser la manera de cómo se trabajó su especial relación con nada menos que Holly (una entretenida e inesperada línea argumental, que tuvieron el ingenio de crear para esta adaptación).

4. En cuanto a la otra parte de la temporada, optaron por hacer que todo lo referido a la historia del criminal ocurriera en el presente, quizás tanto para ahorrar dinero con respecto a los posibles flashbacks y ambientados en el pasado, como para tener a un nuevo villano joven, que pudiese ser más activo y atractivo para cierta parte del público. En todo caso, muy bien la hicieron con la caracterización del personaje, humanizándolo más que a su símil literario (tal como lo hicieron en su momento con Brady).

5. Luego tenemos a la cómplice del malhechor, una mujer madura que la llegamos a conocer como la responsable de su inestabilidad. Ella es la verdadera "mala" de la historia, una manipuladora y persona tan violenta que no deja de quitarnos el aliento con sus actos atroces. Ahora bien, esta fémina no aparece en los libros, de modo que es alguien completamente inventada para el programa; es así que su caracterización corresponde a un arquetipo de rancia alcurnia literaria y que nunca deja de estar de moda, debido a su cercanía con la realidad: el de la dama despechada y que se vuelve en una verdadera fuerza de la naturaleza por su odio y afán de venganza.

6. La actriz a cargo de la "perra" Alma Lane, viene a ser nada menos que la veterana Kate Mulgren, artista que se hizo famosa por interpretar a la Capitana Jenaway de la nave espacial Voyager, en Star Trek: Voyager. Y es que en especial para el trekker acérrimo (entiéndase por esta palabra, al fanático e incondicional de Star Trek y como lo es su servidor), reencontrarse con tamaña actriz y en un rol tan distinto, a aquel con el cual la conocimos, resulta toda una experiencia gratificante; pues en realidad la Mulgren, actúa como los dioses y lleva a efecto su rol con una credibilidad que impresiona.

7. Justo cuando pensamos que iban a sacar de la trama al amigo de juventud de Morris Bellany, el librero Andy, este aparece a mediados de la temporada y para darles uno de los giros dramáticos más impactantes a la serie; la "despedida" del personaje, nos deja con el aliento cortado y reúne de manera estupenda el material literario de donde sacaron las ideas, como los estupendos aportes de la producción al argumento.

8. También aplaudo que relacionaran de manera estrecha a Bill, con el escritor asesinado; es más, le dieron mayor relevancia dentro de la historia a este último, en el sentido de que lo hicieron intervenir más en la pantalla y convirtiéndose en otro personaje, que permite ahondar más en la psicología de nuestro querido héroe. El actor que hizo del divo John Rothstein, también sobresalió bastante y logró junto a los guionistas, hacer simpático a un tipo que en el papel resulta detestable.

IV- Otros aspectos a considerar de esta temporada.

      La familia y/o grupo de amigos que se ha ido formando en torno a Hodges, se ha ido estrechando; es así, que en especial el complemento que ha llegado a tener este con Holly y Jeremy, es conmovedor; que igual nos queda más claro que nunca, que ahora el detective ha aprendido por fin a disfrutar de una familia propia y que no tiene que haber consanguinidad para que ello suceda. Y en medio de esto, no olvidemos a la adorable vecina Cora, otra persona que llegó a la vida de Bill, junto con los otros por la misma época en la que también apareció Mr. Mercedes, para quedarse por el resto de sus días en el corazón de Hodges.
      La serie refuerza sus elementos policiales, los que se habían perdido cuando lo sobrenatural llegó en la temporada anterior; y es que tal como partió esta producción cuando debutó, lejos le quedaba mejor tal tipo de argumentos, ya que lo fantástico resultó ser muy forzado y al menos en la adaptación del libro (¡que nunca les perdonaré cómo echaron a perder al gran villano!); por lo tanto, lo que atañe al caso del escritor asesinado y el botín respectivo, logra trabajar mejor que la mismísima primera temporada la intención de Stephen King, de contarnos una historia sobre un crimen y el intento por resolverlo de la manera más entretenida posible.
      El programa partió sin hacerle asco a la violencia, ni a la truculencia; lo que en esta última temporada sube bastante su nivel y lo mismo en lo que concierne al terreno sexual, que se pone aún más impactante en esta ocasión...¿Pero respecto a esto último, es impresión mía o la serie cuando se pone más erótica, trata esta dimensión humana como algo bestial, ya que solo llegamos a verlo así en los personajes de moralidad más dudosa? (recordemos que solo vemos verdadero amor en el acto sexual, cuando quien lo realiza es el bastante maduro Bill Hodges, con las dos parejas que le llegamos a conocer y hasta en lo que respecta al romance que está naciendo entre Holly y Rolan, este último la trata con bastante respeto y opta por no presionarla, incluso en los más pequeños detalles, que puedan significar el más mínimo acercamiento de tipo sexual). Así que el sexo de tipo desenfrenado, se representa acá como algo propio de los sujetos faltos de nobleza o con algún tipo de trastorno psiquiátrico, que es solo cosa de hacer memoria para evidenciarlo (Brady y su propia madre, incluyendo a un amante que le conocimos a esta en un recuerdo y al viejo compañero de escuela con el que se encuentra, luego la esposa del doctor Babineau, para terminar con Morris y Alma).
       Por último, tuvimos un hermoso final, bastante alejado del dramatismo con el que acaba la trilogía en los libros. Cuando uno ha leído las novelas y se está viendo la tercera y última temporada (más sabiendo que, hasta según se ha dicho por ahora, no habrán más), espera que en cualquier momento comenzará la "tragedia" y que termine todo de manera tan triste. Puede que el final feliz sea un recurso facilista, simplón, para contentar a la gente (¿Quién no quiere, en realidad, que todo acabe bien para los héroes a los que ha llegado a amar?); pero también puede ser, que todo sea así para dejar la puerta abierta a nuevas temporadas. Sin embargo, podemos decir que esto acaba así, porque la serie nos dice que no hay que perder las esperanzas, que podemos optar a ser felices si le ponemos empeño, aún pese a las adversidades y el mejor ejemplo de ello lo son estos queridos personajes como Bill, Holly y la propia Lou (que el cierre del show con su sonrisa, en su nueva vida al dar vuelta la maldición detrás de un vehículo, tal como lo hizo Holly con el viejo Mercedes de su prima, nos invita a no rendirnos).


viernes, 3 de abril de 2020

Una novelita escrita a 4 manos para gozar de corazón.

1. Preámbulo.

    Durante muchos años el llamado Rey del Terror, Stephen King (el “Tío Steve” para los amigos y/o seguidores acérrimos, como este humilde servidor suyo) se dedicó casi en exclusiva a publicar sus numerosas obras, entre cuentos, novelettes y novelas, en solitario.  No obstante, en plena época de sus obras más clásicas, años ochenta (bueno, también hay que considerar la década anterior), se unió a su amigo y colega Peter Straub para escribir esa joyita de la fantasía oscura juvenil (que no sé si estoy 100% en lo correcto para tildarla de esa forma) que es El Talisman (1984).  Pasaron años para que volviera nuestro autor a cooperar con otro artista, en lo de escribir una nueva obra y ello fue una vez más junto a Straub, con quien nos dio una obra aún más sorprendente, ya que se trataba nada menos que de la continuación del libro recién mencionado, retomando a su protagonista ahora adulto y más encima conectando la trama con su saga de La Torre Oscura, que por aquellas fechas estaba por terminar (si bien aún luego de sacar el séptimo tomo de los títulos centrales, publicó dos piezas más de sus personajes); me estoy refiriendo a Casa Negra (2001).
    Luego en 2005 se dio el gusto King de sacar un libro sobre una de sus mayores pasiones, el beisbol, el cual redactó junto a Stewart O'Nan, ¡Campeones mundiales al fin!: Cómo los Medias Rojas lograron ganar la serie del 2004 (Faithful: Two Diehard Boston Red Sox Fans Chronicle the Historic 2004 Season, 2005) y definitivamente el único libro, hasta ahora, que no leería de mi autor favorito (en contra de lo que pensaba antes, que de él me leería hasta la lista del supermercado y que para nada me interesa un deporte que en Chile ni se juega, además de que me aburren las actividades físicas de este tipo).  En 2012 volvió a unirse con O´Nan, al coescribir un relato de ficción, al que titularon Un Rostro en la Multitud, texto que se publicó originalmente de forma electrónica.
      A partir de entonces, parece que le tomó el gusto a eso de cooperar de ese modo con algún colega suyo y siendo el siguiente de sus compañeros de escritura, nada menos que su hijo Joe Hill, ya convertido por sí mismo en un artista con fama, fortuna y talento propios; es así que Throttle es una novela corta, coescrita por ambos para la antología Él es Leyenda (2009) y en la cual varios autores consagrados de la narrativa de terror y de ciencia ficción homenajearon al maestro Richard Matheson, al escribir historias inspiradas en varios de sus clásicos (luego esta obra fue adaptada al cómic).  Posteriormente en 2012 sacaron En la Hierba Alta, un duro relato de horror sobrenatural que fue adaptado el año pasado por Netflix, si bien con irregulares resultados.
     Y al parecer le agradó bastante trabajar con uno de sus hijos a ese nivel, puesto que en 2017 sacó una nueva novela, esta vez realizada junto a su hijo Owen King y aunque  este no célebre como Joe Hill (el cual, a diferencia de Owen, decidió comenzar a publicar con pseudónimo para demostrarles a otros su propio talento y alejarse de ese modo de la sombra de su padre).  Fue así que salió al mercado Bellas Durmientes, que tuvo muy buena acogida (aunque no dejo de preguntarme, si en realidad dicho libro fue algo proyectado para disparar la carrera de este retoño suyo, hasta entonces conocido solo dentro de un pequeño círculo en su país como escritor). 
     Y es ahora cuando llegamos al libro que ahora nos reúne, La Caja de Botones de Gwendy (2017), una novela corta o novelette coescrita junto a su amigo de años Richard Chizmar…



2. ¿Y quién es Richard Chizmar?

     Tal como pasó con Owen King, quien sin duda hoy le debe su fama mundial a su padre, sin dudas, hasta antes de la publicación del libro que hoy revisamos solo los “Lectores Constantes” y conocedores en profundidad de la vida y obra del Tío Steve, sabíamos sobre esta persona.  Y es que Richard Chizmar (Estados Unidos, 1965) es el dueño de una pequeña, pero importante editorial gringa especializada en sacar ediciones limitadas, de lujo y hermoseadas, de libros de autores como Stephen King: o sea, obras de terror, entre novelas, antologías y colecciones de cuentos de escritores contemporáneos, como clásicos.  Se trata, además, de ediciones firmadas por sus autores y numeradas, con ilustraciones exclusivas hechas por artistas de renombre, encuadernadas y con otras características de lujo.
     Como ya llevaba tiempo junto al resto de su empresa, sacando estas versiones de lujo de los libros del Maestro del Terror (uno de los principales nombres de su catálogo), era obvio que sus relaciones comerciales tan estrechas, los acercaran a tener también una férrea amistad.  Por otro lado, su interés en la narrativa de horror, también llevó a Chizmar a incursionar por su cuenta en la narrativa, llevando a escribir varios cuentos y unas cuantas novelas que lo hicieron reconocido por la crítica especializada, al punto de ganar varios premios de rancia alcurnia, como el Mundial de Fantasía en dos ocasiones.  


 3. El argumento.

     La novela nos lleva de nuevo a esa mítica ciudad pequeña y donde está claro ese viejo adagio de “Pueblo chico, infierno grande”, llamado Castle Rock; el mismo lugar donde King ha ambientado algunas de sus obras clásicas más famosas, tales como La Zona Muerta y Cujo, entre cuentos y novelas.  Es así que empezando la historia a finales de los setenta, nos cuenta las vicisitudes de la pequeña de doce años Gwendy Peterson, una chica vivaz, pero acomplejada por una al parecer incipiente gordura.  Un día la chica se encuentra con un misterioso hombre vestido de negro y con quien temerosa, aunque intrigada, entabla conversación no habiendo nadie más a su alrededor.  El sujeto le regala una caja muy especial, la cual entrega a su dueña unos regalos que ningún objeto “normal” podría dar y de ese modo la vida de nuestra protagonista comienza a cambiar considerablemente.  Años pasan mientras Gwendy tiene consigo ese artículo mágico, hasta los primeros años de su adultez.
     Detrás de esta historia emotiva e inquietante, encontramos una honda reflexión acerca del poder que tienen los deseos, los cuales muchas veces nos llevan a sacar a flote la oscuridad que habita en nosotros y llevándonos a tomar las peores decisiones, por el hecho de albergar con tantas ansias apetitos inconfesables.  La caja de botones de Gwendy es, entonces, una alegoría a los vicios tales como la drogadicción y el alcohol, lo que bien se puede observar por la dependencia a la que llega la muchacha.  Se habla de “premios” y/o satisfacciones que le otorga el susodicho objeto a la protagonista, haciéndole la vida más fácil; no obstante, este artefacto tiene su propia manera de cobrar los beneficios que da, tal como ocurre con las mencionadas adicciones y otras.  De igual manera, podríamos hallar paralelos con el materialismo y la vanidad, por cuanto la “dichosa” caja de botones acentúa en la joven estos rasgos y ello a medida que va usándola con cierta constancia para conseguir sus beneficios. 
     Interesante, resulta ser que en ningún momento Gwendy se vuelve una “mala persona”, al contrario, siempre mantiene cierto grado de belleza interior; sin embargo, tal como queda demostrado a lo largo del libro, lo que llega fácil, se va fácil y la única manera de que nuestras posesiones tengan verdadero valor para uno y trascienda en nuestros recuerdos, es si ellos son fruto de nuestro esfuerzo.
     En efecto detrás de todo esto hay una fuerte carga moral, donde la culpa y el arrepentimiento toman un papel determinante en la trama, ya que como sucede en las obras más clásicas del género de terror, nuestros actos traen consecuencias y ellas en este tipo de ficcione,s pueden ser tanto o más pesadillescas que en la vida real.   En cierto sentido, estamos frente a lo más parecido a un cuento de hadas para adultos, puesto que todo comienza cuando Gwendy aún es una niña pequeña; quien como muchas heroínas de los viejos textos, recibe un regalo maravilloso, lo usa a su entera satisfacción y ello se convierte en una razón para obtener una verdadera lección de vida (o un castigo, si lo vemos de la manera menos amable.  Al final la moraleja no deja de estar presente, elemento primordial en este tipo de obras, aunque tal vez nos falte en este caso la intervención de las fuerzas del bien (que no olvidemos es una historia de terror).
     La narración consigue mantenernos atentos a todo lo que pasa y va a pasar y bien podría considerarse un retrato costumbrista del cambio de las décadas de los setenta a los ochenta, visto a través de una chiquilla, si no fuera porque detrás de sus alegrías y penas, está ese elemento sobrenatural que en determinados momentos nos va a sorprender (y me saco el sombrero, cuando los autores juegan con cierto famoso hecho fatídico de la época, para relacionarlo con la historia que nos están contando). Por otro lado, el verdadero horror solo llega a manifestarse cerca del final, devolviéndonos al King que tanto amamos sus seguidores de tantos años y en lo que Chizmar sabe adecuarse muy bien.


4. Regalitos para el “Lector Constante”.

     Aparte de que el argumento transcurra en la citada ciudad de Castle Rock, debido a la época en la que sucede este, se menciona a un recordado personaje de las historias de antaño de tal lugar, el sheriff Bannerman; por otro lado, tenemos a un personaje de apellido Desjardin…¿Quizás pariente de la amable profesora que aparece en Carrie?.  Pero es en la figura de extraño hombre con el que se encuentra la protagonista, Richard Farris, al cual podemos reconocer nada menos como a un avatar de Randall Flagg, el villano arquetípico de las novelas de Stephen King; recordemos que este tiene la capacidad de moverse entre mundos, usando por lo general un nombre con las iniciales R y F (cabe mencionar, además, que  apareció por primera vez en la versión original de The Stand- en español traducida como La Danza de la Muerte- y que luego lo usó King para sus novelas de La Torre Oscura, como en su fantasía épica juvenil Los Ojos del Dragón).  No obstante, esta versión de su antagonista es al parecer bastante distinto a sus otras manifestaciones, puesto que su conducta difiere mucho a como lo habíamos visto antes…Sin embargo, es mejor que los conocedores de la bibliografía del Rey del Terror, que no han leído aún este texto, lo descubran por su cuenta.

5. Para terminar.

    Cambié este libro por otro del mismo Tío Steve, cuando me regalaron para mi último cumpleaños un título suyo que ya tenía (eso sí, tuve que pagar una diferencia en dinero, aunque era poquita y valía la pena el desembolso).  No tenía pensando leerlo aún, luego de que mi primera lectura literaria de este año fue la Trilogía de Bill Hodges, no obstante, una alumna escogió esta novelita como lectura para el primer trabajo de este año y como no quería que me hiciera spoilers, me dispuse a dedicarme a ella antes de recibir su trabajo. 
     Es cortita, de poco más de 170 páginas, con letra grande y con ilustraciones en blanco y negro (aunque estas no me gustaron, puesto que las encontré demasiado minimalistas y que no logran sintetizar los pasajes del libro, pecando de “artísticas”).  A Chile llegó en una preciosa edición en tapa dura, con sobrecubierta y a precio accesible.
      Por otro lado, mi hizo interesarme en la obra en solitario de Richard Chizmar y espero ojalá tener pronto la oportunidad de leer algunas de esas historias… ¿Estará al menos un par de sus cuentos en español?
      Recién me enteré, investigando en Internet, que Chizmar escribió una continuación y que se llama Gwendy´s Magic Feather; a ver si llega por estos lares en la lengua de Cervantes y pronto.
      Ojalá se animen en adentrarse en las páginas de este libro, que es fácil de llevar y yo lo dosifiqué en 3 noches más o menos, menos de un par de horas por sesión, aprovechando la cuarentena del Coronavirus, je.

lunes, 30 de marzo de 2020

El Salto de TNG al cine.


1. Palabras previas.

     Hace alrededor de un año que me terminé de rever una de mis series favoritas, Star Trek: The Next Generation (TNG para los amigos), en la estupenda edición en blu-ray que encargué a Europa a través de Amazon.  Pues luego de verme su inmensa cantidad de episodios (algo que difícilmente consiguen los programas hoy en día, cuando a lo más te entregan 13 episodios por temporada por lo general y no 26 como era habitual en los “viejos” títulos trekkers), me había hecho la promesa de verme de nuevo sus 4 películas y que me gustan bastante (si bien tengo mi favorita entre ellas y ya sabrán cuál).  El tiempo dedicado a otras cosas, ya sea por necesidad o por destinarlo a otras entretenciones y/o temas para mi blog, me llevó a aplazar mis intenciones y al final solo ahora, en plena cuarentena por el maldito Coronavirus, me dispongo a comenzar de una vez este propósito.  
    Por otro lado, el final de la primera temporada del nuevo show de la franquicia, Star Trek: Picard, con todas las alabanzas y críticas respectivas por parte de los fanáticos más acérrimos, me “obliga” a repasar lo que fue de nuestro querido capitán Jean Luc-Picard, luego de la última vez que lo vimos en pantalla chica, junto al resto de la tripulación del Enterprise-D.  Y es que obviamente me deseo ver esta nueva serie protagonizada por uno de mis actores favoritos, Patrick Stewart y dedicada a uno de mis personajes predilectos de la ficción televisiva; pero considero que como incondicional del universo de Star Trek, mayor podría ser mi placer verla, luego de tener fresco el pasado de su protagonista y con ello apreciar mejor el desarrollo de este a lo largo de su historia.
    …Cosas mías ¿No?

Portada de la adaptación al cómic y que recuerdo haber leído en su momento.
2. De qué va Star Trek: Generations.

     Esta cinta que fue llevada a cabo mientras se realizaba la séptima y última temporada de TNG, fue estrenada en noviembre de 1994, el mismo año en que terminó de exhibirse la serie en mayo de esa misma temporada.  Como ya se hizo tradición en la pantalla chica, el programa anterior (o más bien alguno de sus personajes) le cedió el puesto en la pantalla grande a esta “nueva generación” y para ello vemos al comienzo de la cinta a unos maduros Chekov y Scotty, de la tripulación de lo que llamamos Star Trek: The Original Series, acompañados nada menos que por el viejo Kirk en medio de una ceremonia oficial (nada menos que del “primer vuelo” del Enterprise-B).  Lo que debería ser algo para relajarse y el reencuentro entre antiguos amigos, termina nada menos que con algo que solo ahora pudimos llegar a conocer: La manera de cómo murió uno de los heroicos y legendarios personajes, de esa tan querida serie seminal trekker.
    Ya en el siglo XXIV, la vida sigue para los otros entrañables personajes del Enterprise-D y hasta que un incidente en una estación espacial, hace que nuestros protagonistas se encuentren con el villano de esta historia: el doctor Tolian Soran, un El-Auriano obsesionado con regresar a una especie de dimensión alternativa (algo así como el Paraíso de su especie) y que está dispuesto a ello a costa de cualquier cosa, aunque signifique la muerte de millones de personas.  Es así que el buen capitán Jean-Luc, es el único que puede impedir que los sueños egoístas del “mad doctor” se realicen, encontrándose en el camino nada menos que con un aliado inesperado.
    Ya varios actores de la primera serie habían aparecido en uno que otro memorable episodio de su continuadora, no obstante faltaba uno de los más importantes (junto con Leonard Nimoy, el maestro detrás del adorable Señor Spock y a quien lo vimos en esa joyita de dos partes que es Unificación, que se realizó para conmemorar los 25 años de Star Trek, durante la quinta temporada de TNG) y este fue el momento ideal para que apareciera James Tiberius Kirk, en la piel del veterano William Shatner y que más encima lo tuviéramos junto a su sucesor.

Supongo que esta es la tapa de un viejo video juego para PC ¿No?
3. Unos cuantos comentarios personales.

     Aparte de William Shatner, interpretando al personaje que le dio fama y de los igualmente queridos por los más ñoños de la casa, Walter Koenig (Chekov) y James Dohan (Scotty), esta película nos dio la dicha a los fanáticos de reencontrarnos con otro querido personaje de la franquicia y específicamente de TNG: Guinan, la sabia El-Auriana interpretada por Whoppie Goldberg.  Si recordamos bien, esta premiada actriz es una trekker de corazón desde su infancia, cuando a muy temprana edad descubrió en la tele a Nichelle Nichols haciendo de la teniente Uhura, en lo que sería el primer papel de un afroamericano en la televisión, haciendo un rol dramático donde se codeaba con blancos como una igual y más encima de forma periódica en un show semanal; es así que su personaje por pedido suyo a Gene Rodenberry, fue creado en exclusivo para ella, cuando pidió actuar siendo ya una artista oscarizada y luego trabajando para la serie por una cantidad de dinero simbólica (en otros palabras, actuando gratis en algo que la hacía feliz y que para nosotros, sus seguidores y también trekkers, nos dio grandes dichas tras contemplar su desempeño en el show).  Fue así que sin haber aparecido en toda la séptima y última temporada del show, volvió a salir cumpliendo con un rol bastante relevante como su personaje y hasta con muchas mejores escenas y diálogos, que varios de los miembros oficiales de la nave.  Como esta inclusión sorpresa suya en el filme se hizo de manera “cordial” y sin transacción monetaria, no se agregó el nombre de la actriz a los créditos de apertura, para no tener problemas con el Sindicato de Actores de Hollywood.
    Por otra parte, también volvimos a tener para regocijo del espectador habitual, a las “dulces hermanitas” Lursa y B´Thor Duras, grandes villanas que conocimos en el transcurso de la serie, que con esta película dio su primer paso al cine.  Sin embargo, la presencia de estas salvajes y mortales bellezas klingon, solo fueron el agregado para el verdadero “malo” del argumento.  Interpretado por un actor de la talla de Malcom McDowell (cuyo único verdadero contrincante actoral, en esta película, era el también inglés Stewart), viene a representar un tipo de villano complejo y que nunca antes se había visto en los largometrajes de la saga: un hombre marcado por tal dolor, que sin ser malvado está dispuesto a cometer atrocidades para acabar con sus cuitas y alguien que ante la pérdida por la que ha pasado, también ha dejado atrás su capacidad para sintonizar con otros.  Por esta misma razón, resulta ser un rival memorable, acompañado, claro, por el desenvolvimiento actoral de McDowell.
     No estamos acá frente a una maravilla del séptimo arte de ciencia ficción y sin duda muchos capítulos del mismo programa son mejores que este; no obstante, sus diálogos y dilemas a los que se enfrentan sus personajes, en especial Picard y quien de alguna manera se ve reflejado en su contrincante, como también en el mismísimo Kirk, nos llevan a reflexionar sobre el papel que toman en nuestras vidas las decisiones que tomamos.  Por lo tanto, la búsqueda de la felicidad y el consabido resultado de la plenitud, gracias al equilibrio que hemos llegado a tomar durante este proceso, se presentan en medio de una producción que igual posee bastante humor y acción, otros elementos habituales en Star Trek.   Teniendo en cuenta todo esto, el drama por el que pasa Picard (quien en el transcurso de la cinta ha recibido una muy triste noticia) y el propio Data, que ha decidido ponerse de una vez el chip emocional de su desaparecido hermano mayor Lore (con serias consecuencias para su vida), nos invita a tomar conciencia sobre cómo enfrentamos los sucesos más dramáticos de nuestra vida y los superamos con madurez para crecer espiritualmente (algo que vemos también pasa con el propio Kirk, todo ello en contraste con Soran, que se ha quedado anclado en el pasado y no ha evolucionado como persona).
     La cinta fue dirigida por David Carson, quien estuvo detrás de varios capítulos de TNG y además cuenta con una preciosa banda sonora a cargo de Dennis McCarthy, el cual ha musicalizado varios de los capítulos de la serie, incluyendo el piloto y luego otros spin-off de la franquicia, como Star Trek: Deep Space Nine (para el cual creó su precioso tema principal).  Por otro lado, en el guión estuvieron tres nombres habituales al programa y responsables mayormente de su éxito gracias a los excelentes libretos y capítulos que nos dieron: Ronald D. Moore, Branon Braga y Rick Berman. 
     Como dato anecdótico, en una escena aparece por unos segundos Tim Russ, en su primer trabajo para el mundo trekker y quien un par de años después estaría a cargo de uno de los mejores personajes de Star Trek; el vulcano moreno Tuvok, de Star Trek: Voyager.

Banner para promocionar el VHS (¡Qué antigua nos parece esa tecnología hoy en día!).
4. Recuerdos personales en torno a este filme.

     Tuve el gusto de ir a ver este filme al cine (solito) y en una época en la cual apenas me había visto unos cuantos episodios, de la serie de la que provenía.  Si bien creo que por aquel entonces desconocía el término de trekker, ya tenía un amor tremendo por la franquicia (en especial por la serie clásica, pero más por la versión animada, que tanto me la vi de niño).  Habían muchas cosas del guión que ignoraba, en cuanto a la propia historia de sus protagonistas, como lo del sobrino de Picard y el chip emocional que terminó por instalarse Data.  Puedo contarles, además, respecto a aquella salida que en las dependencias del lugar al que fui (uno de las tantas salas en el Centro de Santiago, que lamentablemente ya no existen, el Rex) regalaban unos preciosos stickers rectangulares, pequeñitos, uno por cada personaje y me acuerdo que el dedicado a Guinan decía “La Oyente”. 
     Un par de años después en el Centro Cultural Montecarmelo, ya cuando formaba parte del primer Fan Club de Star Trek chileno (que hasta personalidad jurídica teníamos), Zona Neutral, en uno de los eventos que tuvimos me volví a ver en pantalla grande (bueno, no tan grande si se la compara con la del hoy extinto Cine Rex) y ahora sí que le encontré mayor sentido a esta cinta, que la primera vez no la pude apreciar tanto, puesto que aún no era tan experto en su cronología. 
     Desde aquellas dos ocasiones me la he repetido varias veces, en VHS, DVD (que me la conseguí en esas ediciones de dos discos, que sacaban antes de las versiones en HD, a “precio de huevo” y nuevecita, más encima) y ya dos veces en blu-ray, desde que me la compré en este último formato en un hermoso pack importado.  Le tengo mucho cariño a este filme y me alegro de haber podio haber escrito por fin de él.


                                         El tráiler clásico lanzado en su momento para esta película.
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